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25 octubre 2009

Cómo México no hay Dos
Por Alejandra Zamarripa Romero
Islas Canarias, España.- Cinco años hincando codos, como dicen los españoles, crees que es el precio que hay que pagar por un empleo con decoro y un sueldazo de la de Dios. ¡Oh craso error!
Parece ser que la Universidad no resulta tan «universal» cuando los programas de estudios no suelen ser reconocidos más que en el limitado entorno donde se han cursado.
Con esa ingratísima sorpresa me encontré al brincar el charco.
Había terminado una licenciatura en una universidad pública, la Universidad Autónoma de Aguascalientes, y cuando quise poner en marcha mi vida laboral me encontré con miles de obstáculos.
«Homologación», ¡eh!, ¿pero qué me están contando?, si ya cursé mis estudios.
«No, no señora, usted aquí no es nadie», prácticamente fueron las palabras que recibí.
¿Comunicación Organizacional?, no sabían ni con qué se comía, en la vida habían escuchado algo así, es más, les parecía impronunciable.
En el catálogo oficial del Ministerio de Educación de España no existía ni por lo alto ni por lo bajo ninguna carrera universitaria, ni diplomado (nivel técnico de tres años de estudio), que tuviera alguna semejanza.
Después de tener que pedir miles de papeles en México, con los sellos oficiales que salen un ojo de la cara por cada folio, empecé mi trámite de convalidación en España, tras haber pagado las respectivas tasas de solicitud por un coste de aproximadamente mil 600 pesos.
Un año y medio después, me encuentro con la noticia de que tras revisar mi plan de estudios y los créditos por materias, no había nada compatible, a lo mucho tenía periodismo de la cual para obtener el título oficial español, tenía que volver a la universidad y cursar los tres últimos años, de lo contrario, lo único que podían hacer era reconocerme en un documento oficial el «grado» de «licenciada», pero con especialidad en el limbo, pensé; porque no tengo ningún perfil definido, donde quiera que presento ese documento me encuentro con la misma cuestión, si, soy licenciada pero ¿en?
Similar me pasó con la licencia de conducir. España tenía convenios con casi todos los países de Latinoamérica para el canje del carné de conducir, menos con ¿adivinen?, sí, con México y después de haber manejado 10 años en mi país tuve que inscribirme en una auto-escuela, durante tres meses, ir a clases diarias, hacer prácticas con profesor al volante y presentar un examen escrito y práctico que me puso más nervioso que un EXANI.
Encima la primera vez por tocar el bordillo de la banqueta me suspendieron (reprobaron) y tuve que repetir la prueba, obviamente todo esto con costo por acto, yo calculo que en promedio una persona que saca su carné de conducir por primera vez aquí, se gasta unos dos mil euros, aproximadamente 40 mil pesos, vaya negocio ¡eh!, que contraste con la forma en que nosotros en México aprendemos a manejar, y que sólo andamos con la licencia divina, ¿será por eso que también somos cafres al volante y hay tantos accidentes?
En España la gente no se anda con medias tintas, la policía y los tránsitos son de respeto, que esperanzas que alguien se atreva a dar una «mordida», no saben ni qué es eso.
Por eso digo, como México no hay dos y me consta.
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