ÚLTIMA HORA
1 noviembre 2009

Por Alejandra Zamarripa Romero
Islas Canarias, España.- Uno de los factores a favor que consideré al hacer un estudio de post-grado en España, fue el idioma, ya que pensé que nos entenderíamos a la perfección, pero honestamente ha sido un proceso largo y desesperante el aprender el idioma peninsular y más aún el canario (de las Islas Canarias).
En Canarias se habla con muchos “dejes”, es decir, no se terminan de pronunciar las palabras, los enunciados se dicen de un hilo, sin separación de palabras y la mayoría de las personas no articulan ni mueven la boca para decir las frases, de manera que al principio cuando me hablaban yo siempre pedía traducción o me quedaba en blanco.
Para que se den una idea, dog es dos, chacho es muchacho, esu es Jesús, enga es venga, mah es más y siempre tienden a poner el sufijo “on”, como por ejemplo bizcochón (pastel), subidón (adrenalina). El problema no es que yo tenga que entenderles a ellos, sino al contrario, que ellos me entiendan a mi.
Para empezar me identifican como extranjera con sólo abrir la boca, mi tono de voz y acento los desconcierta un poco, y luego siempre que hablo con la gente me tengo que convertir un poco en Adela Micha, que cuando habla siempre dice dos o tres sinónimos de lo que dice, ella por un estilo y yo por una necesidad, a ver si alguno de ellos me lo “pillan” y entienden.
Con el paso del tiempo he tenido que modificar mi repertorio, incluyendo y sustituyendo unas palabras por otras para no sentirme tan excluida en las conversaciones e incluso he tenido que llegar a fingir el “deje” canario para que no me traten como extranjera y me entiendan a la primera.
Algunos ejemplos, un “imperdible” es un segurito que usamos en la ropa o para detener algo, “sujetador” es un brasier, “piña” es el elote en sí; el “mando” es el control de la tele; “salón” es la sala de una casa; “me das un toque” es cuando pides a alguien que te haga una llamada; “la mediana” es el camellón de la calle; el “embrague” es el cluth de los coches; los “manguitos” son los salvavidas pequeñines que se les ponen a los niños en los brazos; los “higos picos” son las tunas; una “cuadra” aquí es la de los caballos, no una calle como solemos decir en México; “follar” es hacer el amor; un “recogido” es un chongo con el cabello; un “palabra de honor” es un vestido strapless; “un caldero” es una cazuela; la “estufa” es la rejilla eléctrica o de gas que emite la calefacción en invierno; las “cholas” son las chanclas; el “ordenador” es la computadora, el “portátil” es la lap top; el “fijo” es el teléfono de casa, un “culebrón” es una telenovela; un “billete” es un boleto; “enrollarse” es ligar; un “pitillo” es un cigarro; una “pajita” es un popote; una “caña” es una cerveza; “sobar” es echarse una siesta; “currar” es trabajar, hacer los “deberes” es hacer la tarea.
Otra peculiaridad es la no pronunciación de la “h”, por ejemplo “honda” lo pronuncian como si dijeran “onda”, y la palabra “coger” la usan para todo en el sentido de “agarrar”, o sea, cogen la guagua (camión en canario), cogen el móvil (celular); luego está la palabra “pillar” que la usan para decir como que tienes algo, por ejemplo pillas la gripe, pillar un chiste o una broma, etcétera.
Ahora comprenderán el porqué estoy estudiando un nuevo español, diferente al que yo hablé durante 27 años y que no tiene casi nada en común con el canario, a veces me siento como un diccionario de sinónimos y antónimos y aún así me queda mucho por aprender.
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