ÚLTIMA HORA
31 julio 2010
“En el ataúd no cabe un carro, una casa, una cuenta bancaria, e incluso cuando alguien muere hasta ni la ropa de un día anterior se la ponen”
Por Jesús Peralta Medina
Muchas ocasiones no sabemos quiénes somos, a dónde vamos y a qué hemos venido a este mundo. Esta y otras preguntas pocos la saben, porque andamos en este mundo como si fuéramos dueños de lo que vemos. Sin embargo, no, no es así. Algunos expertos e investigadores en la fe han deducido muchas teorías e hipótesis sobre el origen de la vida y el concepto de vida como tal.
Hablan de mucha gente con fe, quienes aseguran estar en este mundo para buscar riqueza, y otros, para dejar una herencia a nuestros hijos o a nuestros seres queridos antes de irnos, y de dejarles riqueza para evitar no tengan problemas económicos en su futuro.
Pero esto es algo muy difícil de comprender para otros, porque la riqueza material no es para nosotros el día de partir de este mundo. En el ataúd no cabe un carro, una casa, una cuenta bancaria, e incluso cuando alguien muere hasta ni la ropa de un día anterior se la ponen.
Nada, pero nada de este mundo nos pertenece, solo venimos de paso, a usar lo necesario y estar dispuestos a irnos en un momento cuando Dios, su Madre Santísima y sus Ángeles dispongan.
Muchos seres humanos no quieren irse, no quieren desprenderse de sus propiedades, de sus familiares, de sus comodidades, quieren conservarlas todos los días y no permiten se les deteriore nada.
Pero han perdido el sentido de la vida, nacer, crecer, desarrollarse, reproducirse y morir, es un ciclo de la vida donde todos tenemos un motivo una tarea a realizar. Esta tarea nadie la sabe, y es que todos los días hay pretextos para no hacer nuestras obligaciones que es muestra misión.
En este mundo cada quien tiene un oficio a desarrollar, una profesión y un propósito. Vemos a albañiles, a maestros, abogados, arquitectos, políticos, presidentes de la República y esa es su tarea, aunque muchas veces la tarea la interpretan como un trampolín para buscar riqueza material.
Y más aun los políticos, porque saben de las sueldos de sus cargos, sin hacer un trabajo responsable, aquí es el peor de los problemas del ser humano, afanarse en abusar de los demás.
Cuando la misión de cada uno es dar para recibir, la indicación de Dios, su Madre y sus Ángeles, es vivir en este mundo en armonía, pensando en ayudarnos entre todos sus hijos, sin distingo de razas ni credos.
Pero lamentablemente el egoísmo, el divisionismo y el orgullo, han hecho del hombre un ser alejado de Dios, de su Madre y de sus Ángeles, y sólo se encarga de buscar el provecho propio, y hacer que su familia solo sean mejores, sin pensar en el verdadero objetivo de su vida.
Por ejemplo, los albañiles son personas constructoras y por ellos vivimos en un hogar. Otros somos reporteros convertidos en los voceros de la gente para demandar justicia, y así sucesivamente. Los políticos están para servir pero es todo lo contrario.
Cada quien tiene su objetivo en esta vida, venimos por un tiempo determinado, nadie viene por más ni menos, el tiempo lo tiene Dios, su Madre y sus Ángeles escrito en el expediente de la vida de cada uno.
Sin embargo, no queremos verlo de esa manera, queremos vivir a nuestra manera, pensando en ser nosotros mismos los dueños de nuestro tiempo y vida, y nos vamos de este mundo cuando queramos, pero no es no es así.
Cuando nuestra madre concibió en su vientre a un angelito y luego de nueve meses nacimos, nos damos cuenta que sin la gracia de Dios, esa obra no hubiera sido posible.
Porque Él tiene que autorizar desde su lugar cual mujer es digna de concebir, vemos a muchas mujeres quienes anhelas convertirse en madres pero no pueden. Su mundo se trunca en pensar ser un castigo de Dios, pero no es así, Dios evalúa a cada mujer para encargarse ese ángel que va a llegar a su vientre.
En una ocasión, una narración de radio expresaba que unos querubines en el cielo fueron designados por Dios para venir a este mundo a una misión, pero esta vez los niños nacerían con una discapacidad física, los angelitos no querían bajar porque estaban muy contentos allá arriba. Le pidieron a Dios no bajar, pero Él se lo pidió a cada uno y por fin aceptaron.
Cuando los angelitos nacieron en nueve meses, sus padres se culpaban unos a otros de ser los responsables de la malformación de sus hijos, cuando la misión de estos niños fue el de hacerlos reflexionar a estos padres, porque su mundo estaba perdido y solo pensaban en la riqueza y en la desperdicio de su vida, fue la manera como estos pequeños hicieron cambiar de parecer a estos padres.
Aquí nos damos cuenta la manera como Dios nos tiene preparado un camino a cada uno y una misión, pero no lo aceptamos ahora de adultos. Nos ponemos en un plan muy difícil porque nos preocupamos mas por los problemas externos de nuestro cuerpo, de los problemas sociales, de la riqueza material y nunca nos ponemos a pensar, a que he venido a este mundo, y que tengo que hacer para cumplir el propósito de Dios conmigo.
Para saber esta respuesta, debemos de acercarnos a Él a través de una oración, de una conversación, de una plegaria, solos o en la iglesia. Aquí él nos va a escuchar. Debemos pedirle con el amor de corazón que sentimos por Él por su Madre Santísima y por sus ángeles, como nos sentimos y que nos dé su mensaje para cumplir la misión.
Solo debemos dejar todo de nosotros, cuerpo y alma en sus manos, y decir que cualquier cosa que hagamos se haga por su voluntad, que nos dejemos llevar por sus manos, y si este día debemos ir a un lugar, o si debemos trabajar muy intensamente, o ayudar a alguien todo va a ser porque Dios lo ha decidido.
No debemos de pronunciar la palabra «no» para cumplir la misión. Cuando estemos en peligro debemos rezar mucho, pedir su ayuda para salir de este lugar. A veces estos peligros tienen una enseñanza para nosotros, nos avisan que no debemos hacer malas cosas, para no recibir una respuesta en el mismo sentido.
Siempre debemos hacer el bien para recibir lo mismo, porque dicen que la vida es un bumerang, todo lo que arrojamos se regresa.
Y es que el mandato de Dios es hacer el bien, portarnos bien, hacer las cosas con muchas ganas, y estar alegres. Porque la alegría no te la debe de quitar nada, ni los problemas económicos, ni los problemas de salud. Muchas veces estos tropiezos son parte del aprendizaje de nuestra vida para cuidarnos mucho y no solo pensar en querer quedarnos con el mundo que no nos pertenece.
Te mando muchos saludos Mario César…que Diosito, la Virgencita y los Angelitos les bendigan…
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