ÚLTIMA HORA
8 noviembre 2009

Por Refugio Alfaro Guerrero
Durante décadas, la implementación de modelos de desarrollo económicos ajenos a nuestra realidad, aunado a los múltiples desaciertos de las formulas y prácticas de políticas gubernamentales sin el sustento de la voluntad democrática de los mexicanos, han alejado a nuestro México de toda posibilidad real que lleve a lograr mejores niveles del bienestar colectivo.
Esos yerros han enfrentando a la población a muy serias dificultades. Lo que ha acarreado un deterioro mayor en el ya de por si dañado ingreso monetario de las familias mexicanas, afectando sobre todo las condiciones de vida de la clase trabajadora.
El desempleo generalizado, la baja calidad de la educación pública, el crecimiento acelerado de la pobreza y la concentración indiscriminada de la riqueza en unos cuantos, es algo que “distingue” a México.
Una aguda crisis en el sector agropecuario y un notorio proceso de poca industrialización, además de la creciente inseguridad pública, la impunidad que prevalece en los delitos, la injusticia y la violencia política que agravian a una sociedad que cada día confía menos en las instituciones políticas, es parte de nuestro diario acontecer.
Nuestra sociedad demanda un nuevo sistema político, un nuevo sistema producto de la acción política y no de la acción burocrática. Un sistema incluyente que contemple la creación de espacios para nuevos actores y aliente la participación de corrientes y formas de
organización política regionales y locales.
Los retos que hoy enfrenta el Gobierno Federal no pueden ser abordados con actitudes excluyentes, ancladas en el pasado, invocando un futuro que nunca llega, o pensando en una sociedad que ya no existe.
¡Patria o Muerte!
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