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23 marzo 2010

El Drama de los Ilegales Africanos en Islas Canarias
Por Alejandra Zamarripa Romero
Islas Canarias, España.- Esperanza, ilusión, sueños, deseos, promesas, anhelos, miedo, angustia, dolor, sufrimiento, desdicha, mareos y frío, son probablemente algunos de los sentimientos que los inmigrantes experimentan al traspasar su frontera en busca de un futuro mejor para sus familias y para si mismos.
Y no estoy hablando precisamente de nuestros paisanos los braceros, sino de los inmigrantes en Canarias; este “fenómeno” como muchos escritores lo definen, en los últimos años ha crecido considerablemente en el archipiélago canario conformado por siete islas, de las cuales Gran Canaria, Lanzarote, Tenerife y Fuerteventura han sido testigo de más pateras de madera y cayucos (más grandes y de fibra de vidrio) que se aventuran en una travesía muy riesgosa de cientos de kilómetros siempre en alerta y evadiendo a las autoridades; embarcaciones clandestinas que llegan a las costas después de semanas de navegar o mejor dicho “naufragar” y tocan tierra en busca de comprensión y acogida por parte del Gobierno Español.
Canarias por su ubicación geográfica, se ha convertido en un portal ideal de entrada a la Unión Europea, sobre todo recibe inmigrantes legales e ilegales de Colombia, Marruecos, Perú, Venezuela, Argentina y Uruguay .
Este tema ha traído grandes consecuencias políticas, sociales, sanitarias y demográficas en el país, ya que el Gobierno ha tenido que replantearse su política y plan de inmigración.
Se han tenido que adaptar y ampliar los centros de internamiento de inmigrantes que es el lugar donde en primera instancia tras ser reconocidos por médicos y especialistas, son trasladados con la finalidad de estudiar individualmente su situación, nacionalidad, estado migratorio, nombre, edad y sobre todo idioma para poderse comunicar.
Constantemente nos llegan imágenes por los telediarios (noticieros) que te ponen la piel de gallina, al ver las situaciones físicas en las que sobre todo los subsaharianos (de Senegal, Guinea, Costa de Marfil, Mali o Gambia) realizan el trayecto del viaje o “fuga” de la pobreza de sus países y el hambre, para intentar conseguir un trabajo y posiblemente una legalización de su situación migratoria para poder traerse a sus familias.
Desafortunadamente no se les puede dar asilo político a todos, cada caso es tratado de manera individual y se intenta en la medida de lo posible ayudarles, sin embargo hay países que tienen convenios de repatriación y se les devuelve a sus países de origen y los que logran quedarse no siempre corren con buena suerte, ganarse la vida siendo ilegal es un karma que les persigue y cierra muchas puertas.
Es una decisión difícil y conlleva peligros, pasan por hambre, frío y deshidratación, la mayoría son hombres y muchos menores de edad, y tristemente hay decesos.
La cifra más alta según la Delegación del Gobierno de Canarias y dado a conocer por el portal Canarias7.es fue en 2006 con 31 mil 859 inmigrantes llegados por mar y a partir de ese año bajó a 11 mil 746 en 2007, a ocho mil 300 en 2008 y a mil 640 en 2009.
Pero la cuestión con la que yo me quedo es: ¡¿En qué situación vivirán, como para que intenten una y otra vez, aún arriesgando sus vidas, llegar al primer mundo?!
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