ÚLTIMA HORA
20 mayo 2011
Algo Pasa en la Calle
Por Mario Mora Legaspi
Para nadie es desconocido que está expandiéndose el problema o fenómeno de la mendicidad en Aguascalientes. Cada vez se observa mayor número de personas pidiendo limosna o caridad, de todas las edades, sean hombres o mujeres, incluso pidiendo cooperación para un enfermo que está en el hospital o que requiere una intervención quirúrgica de urgencia, o bien, para “enterrar” a un familiar. Motivos o pretextos sobran, según la óptica desde la cual cada uno quiera ver.
Obviamente hay muchos que piden por necesidad de subsistir o por algún apuro o problema familiar, pero otros realmente lucran con ello.
Y quienes imploran caridad o alguna dádiva recorren calles, tocando casa por casa, se colocan en esquinas o cruceros viales con mucho tráfico, precisamente para hacer su cometido. Pero en el mundo de los mendigos también se puede fracasar.
Esto es así porque para ganarse unos centavos se necesita una estrategia que haga que un prospecto se tome la molestia de sacar unas monedas de su bolsillo. Evidentemente no se puede dar dinero a todos; hay que elegir, de otro modo no hay dinero que alcance. Y entre los mendigos hay algunos muy ingeniosos que se llevan todo y otros, faltos de ingenio que quién sabe cómo sobreviven. Pondremos algunos ejemplos.
Cantar sin un instrumento. Cuando no se tiene una voz verdaderamente excepcional, ponerse a cantar así nomas es una de las maneras más efectivas de molestar a otros. Pero en el mundo de los mendigos se puede sacar más provecho a una voz horrible que a una voz extraordinaria. De hecho, un mendigo que tiene buena voz debe fingir que no la tiene si quiere ser un mendigo de éxito. Los limosneros cantan con el propósito deliberado de irritar al público para que se le pida que se calle o que se vaya, pero como no se le pide a alguien que se calle o que se vaya así nomas entonces se le dan a cambio unas monedas. En la avenida Universidad vi hace unos días a un anciano cantando sin ningún pudor al lado de uno de los restaurantes más exclusivos del lugar. Desde el punto de vista de los mendigos, esa voz que parecía de ultratumba fue un éxito porque irritó en poco tiempo a la audiencia.
Pedir dinero sin ofrecer nada a cambio. En la ciudad hay otro anciano que se pone justo enfrente de uno y le dice sin cantar, pero con una voz alfeñicada y excesivamente alta “me puede dar una ayudita”. Lleva un sombrero y camina dando saltitos. Estamos casi seguro de que usted lo ha visto o se lo encontrará muy pronto. Personalmente, nunca he visto que alguien le haya dado un centavo de modo que ignoramos cómo sobrevive este hombre.
Por su linda cara. En los Estados Unidos los mendigos no tienen chiste. Son desabridos. Se paran en las esquinas de las calles sosteniendo un letrero que dice cosas como “veterano de Vietnam” o “madre de tres niños” o cosas así, a lo que invariablemente agregan “anything helps”.
A excepción de algunos veteranos, por lo general los mendigos estadunidenses gozan de excelente salud y sonríen mientras sostienen su letrero en las manos. En ese país, como los mendigos no parecen mendigos tienen que informarlo para que los demás se den cuenta, porque de otro modo resulta imposible distinguir a un menesteroso de alguien que no lo es. Al menos es el caso de los que piden dinero en los cruceros. En ocasiones las razones que usan para pedir una limosna son insólitas.
En cambio, en España el pordiosero tiene una larga tradición y, como buen pícaro, suele poseer cierto ingenio. Los mendigos españoles escriben sus letreros en tono de broma y algunos poseen un buen sentido del humor.
En Madrid, un amigo vio uno que tenía enfrente de él una cajita con un letrero que decía: “para comprar un Ferrari”.
Recientemente vimos un reportaje en internet que trataba sobre un par de mendigos de Madrid, uno era español y el otro alemán. Delante de ellos colocaron cinco cajitas para recoger las limosnas. Una decía, “para whiskey”; la siguiente era “para cerveza”; la otra “para vino”; la otra “para cigarros” y la última “para otros vicios”.
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