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Sin Políticas Para Atender a los Ninis

1 julio 2011

Por Mario Mora Legaspi

Los jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos como “ninis”, no se encuentran en esa situación por gusto o por falta de interés, sino porque el Estado no ha sabido diseñar políticas públicas que los incluyan, señaló la maestra Yolanda Muñoz Esqueda, especialista en Ciencias de la Conducta.

Señaló que el motivo principal por el cual muchos jóvenes no asisten a la escuela -según encuestas del Instituto Nacional de la Juventud- no son las carencias económicas o que no hayan podido ingresar en algún colegio, sino que no les gusta estudiar.

Sin embargo, agregó, lo anterior se debe a que la educación que recibieron no fue de la calidad necesaria.

Ese proceso, conocido con el nombre de síndrome del atraso escolar, provoca en los jóvenes un sentido de futilidad en relación con sus estudios; es decir, se convencen de que no vale la pena seguir esforzándose.

Por tanto, las políticas para combatir este problema deben estar encaminadas a mejorar, a toda costa, la calidad de la educación básica y media superior, además de ampliar la matrícula de las escuelas y garantizar que los egresados encuentren un empleo bien remunerado.

Muñoz Esqueda señaló que el gobierno niega lo innegable al señalar que sólo hay 285 mil jóvenes que no estudian ni trabajan y no más de 7 millones.

Los “ninis”, dijo, siguen siendo excluidos por las autoridades al no tener acceso a espacios educativos y laborales. El gobierno debería crear un fondo especial destinado a los jóvenes que no trabajan ni estudian y hacer una campaña nacional para apoyarlos.

Refirió que es mentira que esos jóvenes estén tranquilos y cómodos.

La realidad es que tienen una angustia difusa todo el tiempo, al no tener oportunidad de estudiar, o porque salen a buscar trabajo y no lo encuentran, y esto los deprime mucho.

En su particular punto de vista, se deben concretar reformas que faciliten la incorporación de los jóvenes al mercado laboral.

Medidas que ayuden a los jóvenes a ganar experiencia, ya que el mercado laboral los repele porque no la tienen, y no pueden tenerla porque no los contratan. Ahí hay un círculo perverso.

Por otro lado, mencionó que excluir a las mujeres de las cifras “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) es una estrategia de doble invisibilización que busca ocultar el alto nivel de desempleo del país y la reclusión del sector femenino en el hogar.

A raíz del debate que se ha generado por las diferencias en las cifras de “ninis” que manejan autoridades federales e instituciones de educación superior, comentó que al excluir a las mujeres por considerar que ellas son productivas al desarrollar tareas en el hogar, la especialista afirmó que el trabajo doméstico en mujeres de 12 a 29 años es síntoma de gran desigualdad de género.

Es adecuado reconocer la labor doméstica como un trabajo, pero en términos de dar visibilidad a quienes dedican su vida a nutrir, limpiar y reparar, sin sueldo y sin posibilidades de formarse. Desde hace mucho tiempo las feministas hemos subrayado dicha labor como una actividad que no se reconoce; este ninguneo invisibiliza la vida de las mujeres.

Sin embargo, si se trata de analizar la situación del sector respecto a las posibilidades de salir de ese encierro, es importante verlo como una forma de reclusión y disminución de las mujeres al ámbito privado.

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