Palestra Aguascalientes

ÚLTIMA HORA

Último Concierto de Temporada 2011 de la OSA

1 diciembre 2011

La Orquesta Sinfónica de Aguascalientes invitan al último concierto de la cuarta temporada que tendrá lugar en el teatro Aguascalientes este viernes 2 a las 21:00 hrs. con Javier González como director invitado y Manuel DelaFlor como pianista y en cuyo programa estarán la Obertura de El Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini, el Concierto para piano y Orquesta No. 3, de Beethoven y la Sinfonía en Re Menor de César Franck.

Javier González, director invitado, nació en la ciudad de Aguascalientes, donde recibió sus primeras clases de violín a la edad de nueve años. Posteriormente continúa sus estudios en Reynosa, Tamaulipas. Durante su estadía de cuatro años en esa ciudad tomó clases de violín, solfeo y armonía con José Ramos. En 1993 viaja a la ciudad de México con el Mtro. Juan David Ramos, regresando a Aguascalientes en 1994 para incorporarse a las filas de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes. Ese mismo año, recibió una beca para estudiar en Lewisburg, Pennsylvania, en los Estados Unidos.

Como músico solista al violín, ha participado con la OSA en diversas ocasiones, interpretando el Concierto para Violín No. 4 de W.A. Mozart, Concierto para Violín y Orquesta No.2 de Wieniavsky, y el Concierto para Violín, Oboe y Orquesta de Antonio Vivaldi. En 1999 participó en el Concurso Nacional de Música de Cámara en la Ciudad de Guadalajara tocando el violín en el Cuarteto de Cuerdas, obteniendo el primer lugar, siendo su maestra Silvia Santamaría.

En 2001, obtuvo el Tercer Lugar en la categoría D en el Concurso Hermilio Novelo de la Escuela Nacional de Música. Fungió como concertino de la Camerata Silvestre Revueltas de la Unidad de Música de la Universidad Autónoma de Zacatecas, donde realizó sus estudios con el Mtro. Ricardo Jústiz. Actualmente colabora de manera muy cercana al Mtro. Revueltas, en la dirección de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, de la cual también es vital miembro en la sección de los violines primeros.

Manuel Delaflor, pianista, realizó estudios musicales en la Ciudad de México con Antonio Gomezanda y Juan Valle, y asistió a los cursos de perfeccionamiento pianístico de Bernard Flavigny y Jörg Demus; asimismo, recibió clases especiales de Germán Díez, en Nueva York. Durante tres años trabajó al lado de Américo Caramuta en la cátedra de fenomenología de la técnica pianística.

Fue primer premio en el Concurso Panamericano Bernard Flavigny, semifinalista en el Van Cliburn, y finalista del Concurso Internacional de Piano de Montreal, al obtener mención honorífica por su ejecución del Concierto número 2 de Brahms con la sinfónica de dicha ciudad.

Ha sido solista de las principales orquestas mexicanas y en el extranjero, de las sinfónicas de Montreal, Moscú, Guatemala y Rumania. En 1989 realizó el ciclo completo de las treinta y dos Sonatas para piano de Beethoven, mismo que repitió en 1991 y en dos ocasiones más en 1999.

Actualmente es jefe de cátedra de piano en el Conservatorio de Música del Estado de México y es integrante del grupo Concertistas de Bellas Artes de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBA.

La “Sinfonía en re menor”la compuso César Franck entre los años 1886-1888, dedicándola a su amigo el compositor Henri Duparc. La primera audición tuvo efecto en la “Sociedad de Conciertos” del Conservatorio de París, el 17 de febrero de 1889, en contra de la voluntad de buena parte de los profesores de la orquesta y gracias tan sólo a la comprensión y entusiasmo del director Julies Garcín. El grueso de auditores no comprendió nada, como tampoco los músicos oficiales; a la salida, Gounod, que era acompañado por un grupo de aduladores de ambos sexos, dijo que aquella sinfonía era “la afirmación de la impotencia llevada hasta el dogma”.

Como en todas las composiciones instrumentales de Franck en varios tiempos, en la Sinfonía, un tema fundamental presentado de diversas formas y sometido a diferentes combinaciones sirve de base expresiva a la obra; de él proceden las demás ideas que sucesivamente van surgiendo del desarrollo musical; ese tema, de exposición honda, de pasión reconcentrada, interrumpe frecuentemente, con sus acentos anhelentes, el magnífico desenvolvimiento de todo el primer tiempo.

En el segundo, el corno inglés entona una cantilena, especie de balada, impregnada de una profunda melancolía, sobre un tenue ritmo de cuerdas y arpas. Pronto adquiere el período apasionada intensidad, que se resuelve en una sucesión de caprichosos contrastes entre una serie de figuras rítmicas, con carácter de scherzo, que se funden y enlazan con los acentos humanamente anhelantes que proceden del primer período del tiempo. Una amplia coda, de tierna e íntima expresión, cierra poéticamente esta bella página sinfónica. Un ímpetu heroico vibra solemne a través de toda la última parte. El impulso no se exterioriza jamás en grandes explosiones sonoras, ni llega a romper el encanto profundo, la sonora grandeza que brota del fondo de esta Sinfonía.

Deja tu Comentario