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21 octubre 2009

Amor Apache
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Sin lugar a dudas en la historia de la humanidad y más en la realidad mexicana, encontramos siempre los argumentos necesarios para justificar acciones que afectan nuestro modo de vivir, argumentos que nos mantienen en laberintos sin salida, en círculos interminables.
¡Quien bien te quiere te hará llorar! ¡Pégame pero no me Dejes! ¡Para querer hay que sufrir! … son sin duda frases con las que han sido educadas generaciones.
¿Pero es el sufrimiento un mal necesario? ¿Las relaciones de pareja no son para aprender, para gozar, para convivir, para amar?
Encontramos en nuestro cuerpo un chip con información que nos guía por el camino acostumbrado, por la ruta más transitada. Hasta hace algunos años la violencia en relaciones de pareja se identificaba y se atendía cuando era formalizada: “violencia intrafamiliar”, sin embargo esta es tan solo la continuación o el inicio (como lo queramos ver) de la “violencia en el noviazgo”.
Inicio, porque es una conducta aprendida, es algo que vemos en casa y que replicamos cuando tenemos pareja, es algo con lo que crecemos; si nuestros padres se gritan, se ofenden, se pegan, seguramente es por que en todas las familias pasa (al menos eso pensamos).
Continuación, por que al no advertir los riesgos de la violencia durante la etapa de novios, esta crece y nos ata a una relación formal, ya se vida en pareja o de matrimonio, llegando hasta la familia e involucrando a más personas como nuestros hijos.
Según la Encuesta Nacional de Violencia en la Relaciones de Noviazgo siete de cada 10 jóvenes de entre 12 y 24 años han manifestado ser víctimas al menos en una ocasión de violencia en alguna de sus relaciones, sin duda un dato alarmante que no debe pasar por alto nuestra atención.
La violencia en esta etapa “bonita y tierna” de nuestras vidas es un hecho invisible para muchos de nosotros, algo “normal o natural” para la mayoría de las personas.
Para identificar estos riesgos, la podemos clasificar de tres formas: Violencia Física, Emocional y Sexual.
Palabras como: ¡No sirves para nada! ¡Estás bien gorda! ¡Eres un menso! Son tan solo el principio de lo que identificamos como violencia emocional. ¿Será un moretón suficiente para darnos cuenta que somos víctimas de violencia física? He visto casos de mujeres, no con el ojo morado, sino con el ojo negro de haber sido golpeadas con una plancha por su pareja… La agresión física en los jóvenes y adolescentes se manifiesta con pequeñas muestras, un pellizco, un aventón, una mordida, y como todo, va evolucionando hasta encontrar las graves consecuencias que leemos en los diarios policíacos.
Terminando con esta clasificación la violencia sexual, no necesariamente involucra la violencia física, como sería en una violación, también existe el chantaje, el sometimiento psicológico, obligando a nuestra pareja a hacer cosas que no desea.
La VIOLENCIA EXISTE y es un mal que debemos erradicar, está en nuestras colonias, en nuestras casas, con nuestros hijos y amigos. Es en nuestra sociedad un pendiente que seguramente no solucionarán los gobiernos, y no por falta de voluntad o capacidad, sino porque simplemente no está del todo en sus manos. Ese cambio tiene que empezar en nosotros mismos, en las ganas de superarnos, de ser mejores, de hacernos respetar, de querernos, de saber que tenemos las mismas libertades y los mismos derechos que los demás.
Si eres víctima de una agresión busca ayuda, un buen inicio es el reconocimiento de la situación, existen psicólogos, terapeutas e instituciones que pueden ayudarte y recuerda: ¡El Amor es para crecer no para sufrir!
P.D. Un fuerte abrazo y felicitación para Mario César Macías Zúñiga por este gran esfuerzo periodístico, deseándote todo el éxito por que eres una persona preparada para este reto. Felicidades y Enhorabuena.
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