ÚLTIMA HORA
31 octubre 2013
(Fotografía de Rafael Peña)
Por Mario Mora Legaspi
Este 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos, que a no dudar es más fiesta que dolor, porque celebrarlo trae consigo ganancias emocionales y sociales, incluso económicas para algunos. Una festividad que disfrutan los vivos, pero que busca halagar y honrar a los difuntos.
Colocar una ofrenda y hacer presente a los fallecidos sirve para dejar de extrañarlos y cerrar la tensión de la ausencia, es como si estuvieran vivos, considera el psicólogo Arturo Zamarripa Calzada.
También ayuda a aceptar la muerte de manera lúdica, pues hay calaveritas de dulce, chocolate o de texto, llenas de humor, lo cual beneficia, principalmente, a los niños al alejarlos del terror, explica el especialista.
Añade que «la gente sigue viviendo después de la muerte. En realidad, no muere, resucita cuando se hace presente lo positivo». Como ejemplo, podemos citar el legado de Carlos Monsiváis, de Manuel M. Ponce, de Saturnino Herrán y del propio José Guadalupe Posada que cobra enorme vigencia en esta temporada, así como muchas otras tantas aportaciones de diversos creadores, artistas y hasta de los buenos gobernantes.
Por su lado, René Pinales Arredondo, miembro de la Asociación Mexicana de Tanatología, comentó que esta fecha también es una «oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida, valorarla y vivirla; y para dar gracias por las personas presentes».
Previamente se conmemora el 1º de noviembre la fiesta de Todos los Santos, que es ante todo una celebración de alegría.
Este día 2 es de los Fieles Difuntos, ocasión propicia para recordar con sentida emoción a los seres queridos y a las amistades que se nos adelantaron en el viaje que tarde o temprano todos deberemos de emprender.
Es sano hacerles una ofrenda. Debemos tomar en cuenta que la ofrenda se divide en tres niveles, de acuerdo a lo que nos explica el vicario general de la Diócesis de Aguascalientes, canónigo Raúl Sosa Palos.
El primer nivel es la parte de abajo y representa la Iglesia militante (los vivos), el segundo a la Iglesia purgante, para las almas que están en el purgatorio, y el tercero a la iglesia Triunfante, el Reino de los Cielos. Cabe mencionar que el tercer nivel lleva un arco que representa las puertas del cielo.
Existen algunos detalles que se deben cubrir. Se pone esta ofrenda para pedir a los santos que interfieran por nuestros difuntos para que logren pasar del purgatorio al reino de los cielos. La foto del ser querido es para dar referencia a quién le estamos ofreciendo los alimentos y las oraciones. El papel picado se ocupa para adornar todas las fiestas, pero los más populares fueron para esta fecha y se quedaron como adorno especial. La flor de cempasúchil reconocía todo lo hermoso de un hombre verdadero, es decir, honesto.
Las veladoras se ponen para alumbrar el camino de ida y vuelta, de las almas que vienen esa noche a visitar a sus familiares vivos. El incienso es utilizado para poder dar entrada al portal espiritual, no sólo se usa para esta práctica, también en otras celebraciones religiosas. Las calaveritas de azúcar o chocolate, son la representación del cuerpo del difunto, por eso llevan el nombre en la frente. Esto se hacía desde tiempos prehispánicos, como sacrificio y prueba a los Dioses para que hicieran favores.
Los platillos se ofrecen para que aquellas almas que nos visitan se puedan «llevar» un recuerdo de lo que les gustaba en vida, por eso también la gente les pone cigarros o bebidas.
Un aspecto de suyo importante es mantener la tradición mexicana, por lo que es necesario evitar colocar elementos de otra cultura, como la de Estados Unidos, es decir, brujas, monstruos o vampiros.
Esta tradición de montar un altar a nuestros seres queridos también une a la familia que los recuerda con cariño.
Lo cierto es que se da una fusión cultural este inicio de noviembre. Las nuevas generaciones mezclan tradiciones. Ahora, jóvenes y niños combinan ancestrales ritos prehispánicos con el Halloween. Hace algunos años aún existía la discusión entre la gente, no sabían si festejar el Día de Muertos o el Halloween. Actualmente ambas tradiciones se han mezclado y los festejos van de la mano.
Desde tiempo atrás, las culturas prehispánicas han transmitido sus hábitos y costumbres generación tras generación, es por eso que, cada año, hay ofrendas para festejar a los fieles difuntos.
«Desafortunadamente, nuestra sociedad ha ido perdiendo su identidad gracias a los medios de comunicación, pues se encargan de transmitir programas que hacen referencia a culturas extranjeras», explica Arturo Zamarripa Calzada, psicólogo social, egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Esta influencia ha entrado directamente en las nuevas generaciones, quienes las adoptan como cultura propia y al mismo tiempo las combinan con las tradiciones religiosas que en casa les han enseñado.
Poco a poco las ideas con impacto comercial llenaron las casas de los mexicanos, creando una cultura híbrida entre el Día de Muertos y Halloween, es muy común ver ofrendas con calabazas o brujas o que el día 2 de noviembre se organice un Halloween para conmemorar a los fieles difuntos.
Ahora los niños no ven extraño que en un puesto esté La Catrina, personaje tan familiar en Aguascalientes, obra de J. Guadalupe Posada, conviviendo con brujas y monstruos.
Desde el punto de vista de Zamarripa Calzada, se ve un gran riesgo, pues un pueblo sin identidad es más vulnerable a ser manipulado y le pueden vender cualquier idea con fines de consumo.
Entretanto, el vicario general del Obispado de Aguascalientes, canónigo Raúl Sosa Palos, teme que los festejos populares dejen de ser celebrados como lo que son y significan, y sean una fiesta más llena de compras innecesarias.
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