ÚLTIMA HORA
25 febrero 2014
(Fotografía: Verónica Palomino)
Por Jorge Aranda
Con una inusual puntualidad, situación ajena a la mayoría de los artistas contemporáneos durante sus presentaciones y bajo los acordes del energético y motivacional “Hoy Puede Ser un Buen Día”, iniciaba el recital del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, con un Teatro Aguascalientes que vistió sus mejores galas, con una entrada muy cercana al lleno; Serrat, con esa permanente cercanía al público durante su presentación, aderezada con diálogos, apuntes y anécdotas, embriagó la noche con lo más representativo de su vasto acervo musical, satisfaciendo los más exigentes paladares.
Fue un 2 de noviembre del año de 1969, en el Palacio de Bellas Artes de la capital de la República, cuando por primera ocasión se presentaba en suelo azteca con apenas veinticinco años de edad, treinta y cuatro años más tarde, Serrat recuerda el cómo desde su primer viaje “siempre ha encontrado un motivo para regresar a México”, reconociendo su admiración por hitos de la música popular mexicana como José Alfredo Jiménez, Álvaro Carrillo o “Chava” Flores, preámbulo para una inesperada interpretación de “Un Mundo Raro”.
La noche, de a poco fue inundada por la nostalgia de temas que lograron encumbrar a Serrat durante finales de los sesentas y mediados de los setentas, con magistrales interpretaciones coreadas por el público asistente como: “Penélope”, “Mediterráneo”, “Titiritero”, “Esos Locos Bajitos”, “Para La Libertad”, “Tu Nombre Me Sabe a Yerba” o “La Fiesta”, alcanzando el clímax al interpretar musicalmente el poema de Antonio Machado “Cantares”, máximo éxito en la trayectoria del catalán.
Tras dos horas de recital y veinte temas interpretados, Joan Manuel Serrat concluía sus presentación bajo los acordes de “Lucía”, uno de los temas más solicitados en la noche, una velada de inspiración bohemia en su máxima expresión, con un adiós resumido en un “no olviden nada de sus asientos al marcharse y si se puede tampoco se olviden de nosotros…”.
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