ÚLTIMA HORA
21 mayo 2014
Por Enrique Hernández
El pasado 17 de mayo se celebró en México el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, una celebración que en nuestro país encuentra cada vez más eco, a pesar de los valores conservadores que persisten en la sociedad.
En los últimos años ha habido importantes avances respecto a la tolerancia de los mexicanos hacia los homosexuales. Por ejemplo, en el año 2005, menos del 40 por ciento de la población apoyaba el matrimonio gay o igualitario. Sin embargo, una encuesta de Parametría realizada el año pasado reveló que el 52 por ciento de los mexicanos avalaban este tipo de uniones. Es decir, en siete años hubo un crecimiento de más de siete puntos porcentuales.
Pero así como la mayoría de los mexicanos respaldan el matrimonio gay, así también rechazan el hecho de que éstos puedan adoptar. Según la misma encuesta de Parametría, en 2013, siete de cada diez no aceptaban la adopción de menores por parte de estas parejas.
Como sea, son cada vez más las personas que aceptan el hecho de que dos homosexuales puedan contraer matrimonio y puedan por lo tanto adquirir los mismos derechos pero también las mismas obligaciones que cualquier otra pareja heterosexual, con excepción de la adopción.
Esto, creo, es un signo de que México avanza en la dirección correcta. La tolerancia y el respeto de una sociedad a personas con preferencias sexuales distintas a las de la mayoría no es más que un síntoma de civilidad. Una sociedad que no solamente tolera sino que respeta y respalda a los homosexuales es una sociedad civilizada, propia del siglo XXI.
Los homosexuales son, ante todo, personas que como tales tienen dignidad, dignidad que, desafortunadamente, muchas veces, algunos de ellos mancillan con espectáculos tan deplorables y tristes como los que noche a noche pudimos presenciar en la Feria de San Marcos. Grupos de travestis que acudían al perímetro ferial a faltarse ellos mismo al respeto.
Desafortunadamente las escenas de exceso que muchas veces protagonizan estas personas provocan en la sociedad un sentimiento, injusto, de asco y repudio. Por el contrario, yo creo que el sentimiento que debería de darnos es de tristeza y culpa, tristeza por que esas personas, aunque se vean felices, sufren, y culpa, por que ese sufrimiento es, en gran medida, responsabilidad nuestra, es por culpa de una sociedad que nos los termina de aceptar y que los sigue viendo y tratando como seres anormales y no como seres humanos.
Cuando la sociedad entera termine de convencerse de que las mujeres y hombres con preferencias homosexuales son personas comunes y corrientes, cuando sea capaz de tratarlos con absoluto respeto y dignidad, ese día los homosexuales que sea auto sabotean y se faltan ellos mismos al respeto dejarán de hacerlo y pasarán a vivir una vida normal, plena y feliz.
Es nuestra responsabilidad.
@enricoags
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