ÚLTIMA HORA
1 septiembre 2014
Por Mario Mora Legaspi
Prevalece la violencia y la inseguridad en distintos puntos de la geografía nacional, problemas que constituyen un grave problema de salud pública, subrayaron en rueda informativa el canónigo Raúl Sosa Palos y el sacerdote Carlos Alberto Alvarado Quezada, vicario general y vocero del Obispado de Aguascalientes, respectivamente.
Sostuvieron que la violencia deriva sobre todo de tres factores fundamentales: crisis de legalidad, debilidad del tejido social y crisis de moralidad.
Sin embargo, la raíz más profunda de la violencia es la pérdida del sentido de Dios que lleva a un desprecio de la vida humana. La respuesta de Dios a la humanidad que se ha dejado seducir por el mal es la promesa del Mesías, Jesús rechazó la violencia y pide lo mismo a sus discípulos, porque la fe libera del aislamiento y lleva a la comunión.
A propósito del Mes de la Patria, Alvarado Quezada apuntó que septiembre no debe ser solamente llenar de “banderitas” ni de símbolos patrios nuestros hogares, calles, empresas y oficinas, sino cumplir con la exigencia de justicia y de la caridad. “Ir al encuentro de las necesidades de los pobres y de los que sufren”.
Aseguró que la superación de la violencia únicamente será posible con el hábil uso de herramientas que se consiguen con la educación y que capacitan para hablar un lenguaje de paz, el testimonio, la fuerza moral, la razón y la palabra, de tal suerte que la familia tiene la misión de dar vida, de acogerla, cuidarla, protegerla y promoverla desde su concepción hasta su ocaso natural, recuerdan a los fieles, a quienes señalan que no todo es tema gubernamental.
Sosa Palos recalcó que los cristianos deben distinguirse por ser “constructores de la paz” en todos los ámbitos en donde se desenvuelven cotidianamente.
El Vicario General de la Diócesis de Aguascalientes exhortó a los fieles para que en este mes, de manera especial, nos unamos en oración para pedir por nuestro país. Las fiestas de Independencia que celebraremos próximamente son, primero, una oportunidad para agradecer a Dios por tantos hombres y mujeres que se han esforzado por darle a nuestro país la libertad que todo ser humano anhela. Esta acción no es un acontecimiento lejano, sino que debe ser una misión cotidiana, en la que todos debemos involucrarnos, conforme a la vocación específica que hemos elegido vivir.
Cada día, los habitantes de esta gran nación, debemos renovar el compromiso por hacer del lugar en donde vivimos un espacio en el que las relaciones interpersonales sean edificantes, y que la paz que tanto buscamos, no sea solo un noble deseo, sino una realidad tangible, que nos motive a desarrollar cada vez más nuestras capacidades, poniendo a disposición de nuestros semejantes los dones con los que el Creador nos ha revestido. Para que todos los mexicanos gocemos de libertad.
Que todos tengan comida, salud y oportunidades de educación. No hay independencia plena sin desarrollo equitativo, y no hay plena libertad y democracia donde hay pobreza extrema, subrayó enseguida.
El resultado de todos los esfuerzos individuales y colectivos debe ser siempre en bien de nuestra nación.
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