ÚLTIMA HORA
22 octubre 2014
Por Mario Mora Legaspi
ESTE 22 de octubre nuestro hogar común que es la ciudad de Aguascalientes cumple 439 años de existencia. Cada vez se observa más lejano aquel 22 de octubre de 1575 cuando se promulgó el decreto que dio origen a la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes. Han pasado más de cuatro siglos de ese suceso que marcó formalmente el inicio de lo que ahora es un espacio para el desarrollo individual y colectivo de quienes tenemos el privilegio de vivir en esta tierra.
CON el paso del tiempo, Aguascalientes ha dejado de ser esa ciudad “triste, pero querendona”, como una vez la definió el abogado y escritor Eduardo J. Correa, frase que quedó primero anotada en su libreta de memorias y luego impresa en el estupendo libro “Un Viaje a Termápolis” que narra sus vivencias sobre su llegada a esta localidad procedente de Guadalajara -desde donde había sido enviado en su calidad de joven profesionista por motivos de su trabajo- y luego da cuenta de su permanencia en ella, donde encontró abrigo, el amor y echó profundas raíces que lo marcaron para siempre. Como él mismo lo confiesa, inició aquí una nueva vida al enamorarse profundamente de Aguascalientes y de su gente.
AGUASCALIENTES registra un vertiginoso crecimiento en todos sus órdenes, que parece no tener fin. Se ha transformado con el paso de los años, gracias a la visión de sus gobernantes, pero sobre todo por el tesón, esfuerzo y dedicación de sus propios residentes, quienes han demostrado en los hechos ser forjadores de su propio desarrollo.
ESTE 439 aniversario es ocasión propicia para subrayar lo dicho por la poeta, ensayista y escritora Carmen Villoro, quien dice que “vivimos en casas, calles, puentes, estaciones, bulevares; habitamos nuestra ciudad y ella se aloja en los recónditos dominios que llamamos el alma o el inconsciente”.
Y es que la ciudad no es sólo un conjunto de muros, columnas, arcos, cúpulas y materiales que conforman un diseño, sino aquello inmaterial que se produce de una manera mágica, poética, cuando los moramos, cuando hacemos uso de sus formas y sus dimensiones. Es, por ejemplo, la nostalgia que sentimos al recordar el patio que alguna vez fue nuestro, el poder extrañamente intenso que experimentamos en una plaza ocupada por la muchedumbre o los vitrales a contraluz de algún edificio o catedral.
CIERTAMENTE, como dice la propia Carmen Villoro, los lugares confirman la existencia: aquí nacimos, allá fuimos a la escuela, en esa calle amamos. Y es que trazar sobre la ciudad una ruta es tener el mapa geográfico de nuestro tiempo transcurrido. Cuando nos trasladamos de un punto a otro de esta capital, cuántas veces recordamos los distintos episodios de nuestra vida que vivimos en tal o cual calle, en tal o cual casa, en aquel jardín o parque.
EL encuentro que tenemos con esos lugares da constancia del paso de los años. Y de que la propia ciudad se ha convertido en el mejor almacén de nuestros recuerdos y en el más valioso resguardo de nuestra memoria, no exenta de emociones y de añoranza.
AGUASCALIENTES sigue siendo una ciudad singular. Y como lo señala el maestro Alfonso Montañez es rica en leyendas y tradicionales, “la más sufrida, mutilada en su nobleza por candorosos gobernadores, ciudad peregrina, la de la lista más larga de artistas y pensadores; ciudad la más alegre, la de las fiestas más solemnes, aunque nacida para el recogimiento y la meditación, pero creada para excitar emocione, desarrollada para irradiar gloria, prosperidad, riqueza y placer”.
CIUDAD añeja pero siempre joven, alegre y afable, como él mismo lo hace notar.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
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