Palestra Aguascalientes

ÚLTIMA HORA

VI Aniversario del Obispo Chema al Frente de la Diócesis de Aguascalientes 

14 marzo 2015

OBISPO

Por Mario Mora Legaspi

Con motivo del VII aniversario de la toma de posesión de monseñor José María de la Torre Martín como Obispo de Aguascalientes, en Catedral Basílica se efectuó una misa concelebrada que encabezó el propio Pastor Diocesano en compañía del canónigo Raúl Sosa Palos, Vicario General de la Diócesis, así como los integrantes del Cabildo Catedralicio, además de otros sacerdotes.

El Prelado se mostró agradecido por las muestras de cariño, apoyo y de solidaridad que ha recibido por parte de los fieles en estos siete años al frente de la Diócesis de Aguascalientes, además de agradecer a Dios y a la Virgen María por el tiempo transcurrido y por tantas bendiciones recibidas.

Sostuvo que actualmente muchos de los pueblos se definen a sí mismos como religiosos y no idólatras, pero en su diario actuar confían más en su poder, en su dinero y en miles de pequeñeces que llenan su corazón. El hombre moderno se ha aficionado a tantas comodidades, a tantas dependencias, que se han convertido en verdaderos dioses, con sus ritos, con sus defensores y sus sacerdotes. Baste mirar los nuevos espectáculos, los deportes, los negocios y la política. No podemos decir que no ocupan verdaderamente el corazón de la persona.

Después, también encontramos las ambiciones y anhelos personales y de grupo: se adueñan del corazón y tiranizan toda su vida. El Evangelio quiere que retomemos el fin esencial del hombre: amar a Dios y amar al prójimo. “Alguien me comentaba que deberíamos decir, más que amar a Dios, el dejarse amar por Dios, permitirse experimentar el amor de Dios”. Y es verdad porque quien se sabe amado por Dios, quien se siente en sus manos, buscará espontáneamente responder con el mismo amor. Y también procurará manifestar en la práctica este amor dándolo a sus hermanos que son igualmente amados de Dios. No es tanto un mandamiento como una experiencia.

El Obispo dijo que cada día que nace, cada instante que vivimos, cada belleza y aún cada fracaso, lo podremos vivir como una manifestación del amor de Dios, entonces nuestro corazón encontrará la verdadera paz y podrá ponerse a disposición para servir a los hermanos. Pero si el corazón se llena de ambiciones, de búsqueda de placeres, de deseos de poder y de riquezas, nunca encontrará la paz y verá en cada hermano un opositor para cumplir sus propósitos y se defenderá de él como de un enemigo o lo utilizará como peldaño para alcanzar su propósito.

Por eso, en su mensaje para la Cuaresma, el Papa, recordando que Dios nos ama y se interesa por cada uno, nos invita a preguntarnos si acaso nosotros, aun siendo hijos suyos, nos hacemos indiferentes. Esta indiferencia, en mi opinión, puede tener tres destinatarios: Dios, nosotros mismos y los demás.

La indiferencia con Dios consiste en no interesarnos en conocerlo ni tener alguna relación con Él. También puede manifestarse en buscarlo sólo para sentirnos bien, curarnos de una enfermedad, querer su protección o ayuda para salir adelante con algún proyecto, sin procurar una amistad profunda con Él y una vida coherente con el camino de realización plena y eterna que nos ha mostrado: el amor. ¿Cuál es el resultado? Terminamos solos, sin sentido y sin esperanza.

La indiferencia para con nosotros mismos consiste en vivir dispersos en muchas cosas sin conocernos, aceptarnos y darnos la oportunidad de mejorar. Es instalarse en la superficialidad, dejarse llevar por cualquier ideología o moda, y no lograr una verdadera autoestima y una auténtica superación, subrayó el Obispo José María de la Torre Martín.

 

Deja tu Comentario