ÚLTIMA HORA
16 julio 2015
La negativa de un vicioso para compartir con un desconocido adicto su droga, generó el enfrentamiento verbal y físico entre ambos, el cual concluyó a balazos. El lesionado resultó con un tiro en la pierna derecha y el agresor huyó.
El baleado Javier Camba de 27 años, fue auxiliado en primera instancia por varios de los drogadictos que presenciaron la riña y posteriormente por los paramédicos, quienes se encargaron de trasladarlo al Hospital Tercer Milenio, donde quedó encamado.
Los médicos que le atendieron señalaron que fue víctima de una lesión producida por disparo de arma de fuego que recibió a la altura del tercio medio de la cara anterior de la pierna derecha, sin orificio de salida, cuyo proyectil en apariencia le interesó la región ósea y por ello sería sometido a intervención quirúrgica.
Antes de que ello ocurriera y a la intervención de las autoridades ministeriales, el vicioso desempleado señaló que desde hora temprana del domingo pasado se refugió en una casa que se ubica en la colonia El Llanito, en la que la mayoría de los drogadictos de ese sector habitacional se reúne para consumir drogas y que incluso «ahí mismo se las venden», sin que nadie los moleste.
Pero en esa ocasión entre los varios adictos que ahí estaban figuraba un desconocido de aspecto «cholo», desaseado, mal vestido, que al igual que todos ellos, consumía droga y permanecía apartado del grupo, aparentemente sin causar problema alguno.
Sin embargo, en un momento determinado le exigió que le compartiera de la droga que consumía porque ya había agotado la dosis del enervante que comprara y carecía de dinero para adquirir otra dotación de mariguana o de cocaína y al negarse a ello, la discusión entre ambos no se hizo esperar.
De la serie de insultos, injurias y amenazas que se lanzaban uno y otro, pronto pasaron a los golpes y su enfrentamiento físico tuvo la virtud de alertar al resto de los drogadictos, que enseguida tomaron partido y hasta cruzaron apuestas entre ellos para ver cuál de los dos resultaba vencedor.
Solo que como pronto empezó a dominar a su inesperado rival, éste desenfundó de entre sus ropas una arma pequeña de fuego y la accionó en su contra, amagando con herir a los ocasionales testigos de la riña si acaso pretendían evitar su fuga y sin esperar a más desapareció de ese lugar, antes de ser identificado.
Luego sería objeto de atención prehospitalaria y finalmente confinado en el centro clínico donde terminó encamado.
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