Palestra Aguascalientes

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¿Por qué El Chapo es un Héroe?

20 julio 2015

CHAPO

Por Enrique Hernández Morales

Allá por los años veinte del siglo pasado, un joven que apenas rosaba los treinta años se hizo famoso por asestar duros golpes a algunos de los criminales más famosos de Estados Unidos.

En aquella época los gánsteres norteamericanos eran auténticas leyendas, amados y admirados, la extraña sociedad estadounidense los veía como héroes más que como delincuentes. Más que perseguidos, aquellos sujetos parecían, o mejor dicho eran, unas celebridades, que por el día se dedicaban a robar bancos y a traficar alcohol y por las noches acudían a los más exclusivos clubes donde eran agasajados y vitoreados por todo el mundo.

En cambio, los policías encargados de perseguir a los gánsteres eran la burla del pueblo, eran vistos como los malos de la película, como los bufones que intentaban siempre, pero no podían, agarrar a los “héroes”. Los mismos policías en lugar de lamentarse se mofaban de su propia situación, ya fuera por corrupta o por inepta, la policía estadounidense no pudo o no quiso ponerle un alto a los delincuentes cuya leyenda fue creciendo cada vez más.

  1. Edgar Hoover, el joven del que hablaba, contribuyó mucho para que aquella realidad diera un vuelco de 180 grados. No fue precisamente él quien por ejemplo detuvo y refundió en la cárcel al más famoso de los gánsteres de esa época, Al Capone. Esa tarea la hicieron los famosos Intocables, con el agente Eliot Ness al frente. Pero Edgar Hoover tuvo una visión que a la larga dio resultados palpables y que modificó de raíz la percepción que de los delincuentes y de los policías tenía la gente.

Me imagino que algún buen día el padre del FBI tuvo que haberse preguntado: ¿cómo es que los malos eran vistos como los buenos y los que se supone tenían que ser los buenos eran vistos como los malos? La respuesta no era complicada: los gánsteres eran auténticos héroes por que todos los días le demostraban al país entero la ineficacia de su gobierno. Si por lo general el gobierno ya de por sí no es muy querido por el pueblo, si alguien lo exhibe con tanta maestría se convierte entonces en héroe.

Evidentemente a Hoover no le gustó esa lógica. El Estado tenía que ser respetado, o cuando menos temido, y los roles, por lo tanto, tenían que ser invertidos. El problema después fue que Hoover se creyó que él mismo era el Estado, pero ese es otro asunto.

Al final Hoover logró cambiar la imagen de los policías y la de los delincuentes. A base de propaganda, de mucha mucha propaganda, pero también de eficacia y profesionalismo los policías del FBI se convirtieron en los héroes y los gánsteres y delincuentes en los villanos. En las salas de cine y en la televisión pasaban todos los días cápsulas sobre el FBI y sus elegantes y bien parecidos agentes, y entonces los niños ya no querían ser de grande un gánster sino un agente del FBI. Hoover construyó la agencia policiaca y de investigación más grande, capacitada y profesional del mundo. En adelante todos le temerían a Hoover y al FBI.

Hoy, y está de más decirlo, en Estados Unidos el FBI, y otras agencias como la DEA, el ICE, son temidas y respetadas, mientras que los delincuentes, quienes sean, son odiados y despreciados. Como debe de ser.

Por el contrario, en México está pasando lo que pasaba en el vecino país del norte allá por los años veinte. Los malos son vistos como los buenos, y los que se supone tendrían que ser vistos como los buenos son vistos como los malos. ¿Por qué? La respuesta es la misma que ya di atrás: los gánsteres –en este caso los narcos- son auténticos héroes por que todos los días le demuestran al país entero la ineficacia de su gobierno.

Así se explica el culto y la admiración que existe en estos momentos en México por el Chapo Guzmán. La fuga del capo más buscado del mundo no provocó la ira de los mexicanos sino el goce de la gran mayoría. En lugar de enojada, la gente está extasiada por la “hazaña” de Guzmán Loera.

Me decía un amigo: lo que sucede es que faltan valores en este país. Falso, lo que falta es gobierno, lo que falta es una autoridad que ponga las cosas en su lugar. Mientras no tengamos eso, mientras no aparezca un J. Edgar Hoover, figuras como el Chapo Guzmán seguirán acrecentando su leyenda y seguirán siendo los héroes nacionales.

Los más contentos, después de los capos por supuesto, han de ser los intérpretes de narcocorridos, como Gerardo Ortiz, que mientras no haya orden en esta país, podrá seguir cantándole al narco, primero a Dámaso “El Licenciado”, y ahora a su jefe “El Chapo”.

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