ÚLTIMA HORA
29 marzo 2010

Para Kiko…
Comienzo a escribir algunas líneas, de las cuales el dolor puede más que cualquier cosa. No sé si es el mismo que cuando pierdes a un hermano, porque gracias a mi Dios no lo he vivido, pero es muy difícil hacerte el fuerte cuando alguien en poco tiempo se ganó tu aprecio, tu comprensión y sobre todo y lo más importante… tu confianza.
Esto es para ti “Kiko”.
No confundo el nombre y hablo de la misma persona, Iván Sepúlveda, que para los amigos era Kiko, ese muchacho que ahora forma parte de las estadísticas por arrebatarle la vida.
Kiko era un chavo con muchas metas, con muchos sueños, con una sonrisa que reflejaba el verdadero sentir de su alma, un corazón sincero que te decía lo que sentía, pensaba e incluso lo que le molestaba. Aquel en el que encontrabas un consejo, o los brazos abiertos para cobijarte de cualquier problema que tuvieras.
Un guerrero, un luchador de vida, un excelente padre, pero sobre todo un gran amigo.
Hoy recuerdo a dos niños tremendos que me presentó a pocos días de haberlo conocido; eran sus hijos, dos niños que provocan ternura, y que al igual que su padre te regalaban una sonrisa.
Ese día me la pase jugando con ellos a pesar de que era una comida con los amigos; pero la realidad fue que me robaron el corazón, y fue ahí donde entro la admiración para mi amigo.
El día que tenga la oportunidad de ser padre, juro que lo tomaré como ejemplo y Kiko será uno de los que me motiven a serlo día a día mejor.
Nunca hubo salidas en los días que le tocaban sus hijos, esos días eran intocables, cuando teníamos eventos siempre preguntaba si podía llevarlos, se veía en ellos y ellos en él, no se separaban en ningún momento.
¿Y qué decir como hombre de trabajo? Tuve la oportunidad de conocerlo desde que estuvo en un centro nocturno como uno de los encargados del acceso, siempre sonriente, siempre galán, coqueteándole a las clientas pero siempre respetándolas.
Todo era para sus hijos, trabajaba, luchaba y siempre estaban en su mente. Llegó a tanto su amor hacia ellos que hasta el último minuto de su vida lo hizo trabajando y como él lo decía, conociendo el riesgo pero buscando la forma de ganar más para darles una mejor vida.
La pérdida de este amigo, casi hermano, es irreparable, siempre bromeando, siempre buscándole el lado positivo de la vida, siempre como el amigo apapachador, aquel que no se metía en problemas y si lo hacía era únicamente para defender a la gente que quería.
Si continuara hablando de él, no terminaría, hoy solo pido la oración para que a todos aquellos que lo rodeamos nos haga Dios entender el por qué se fue, por qué deja este espacio en su familia, en sus hijos, en sus amigos imposible de llenar.
Es tan difícil entenderlo, que no encontré la forma de despedirme del estuche de tu alma, pero sé que no es necesario porque continuarás desde otro lado, cuidándonos.
Sabes que no te vas a ir, porque continuarás día a día en nuestros pensamientos.
Siguen llegando tantos recuerdos a mi mente que no terminaría este pequeño homenaje, que no terminaría de agradecerte todo lo que hiciste por mí, que te sigo quedando en deuda por todo el apoyo que me diste y por la oportunidad de conocerte.
Para ti Kiko, mis próximos logros, mis próximos proyectos y la principal motivación para aprovechar cada minuto que me resta de vida, tal cual lo hiciste tú.
Tu amigo
Manuel Arenas
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