ÚLTIMA HORA
6 diciembre 2009

Por Miriam Cardona
Algo más que emotiva y satisfactoria resultó la culminación de una de las tardes más significativas que se pudieran registrar en la memoria y en la historia de la tauromaquia mexicana y es que desde su anuncio, la atención se centraba en la tarde del 29 de noviembre; ¿el motivo de tanto revuelo? El esperado mano a mano entre el príncipe consagrado y el joven de la nobleza con la ilusión de coronarse REY.
Lejos de calificarlo como un enfrentamiento que al escuchar esta palabra conlleva una autentica rivalidad, el factor común radicó en dos toreros queridos y considerados como aguascalentenses, uno por adopción en el caso del madrileño y el otro de nacimiento cuyo apellido es Macías, a quienes les une no solo una amistad sino un pasado taurino cuyo referente se traduce en la presencia de un hombre estricto pero forjador de carácter ¿su nombre? Antonio Corbacho, apoderado de José Tomás en sus halagadores inicios, y en los de Arturo Macías cuando emprendió el viaje a la Madre Patria con la finalidad de consolidar su aun novel andadura novilleril.
Pues ante tal pasado que liga a dos tauromaquias ciertamente distintas pero verídicas surge un presente en ambos y dos objetivos claros a los que necesariamente una servidora deberá darles diferente lectura.
En el caso de José Tomás; un hombre de quien se podría pensar que lo tiene todo, reconocimiento taurino basado en una tauromaquia cuyos estandartes se desahogan en la autenticidad y el dramatismo por un lado y paralelamente el esteticismo de su expresión. Sin embargo a pesar de todos esos atributos que posee naturalmente este mito del toreo, y con todo ese hermetismo e introversión que le caracteriza permítanme atreverme a intentar introducirme en los pensamientos y sentimientos del Príncipe de Galapagar; afirmando categóricamente que en esta ocasión su asignatura pendiente en la Plaza México era otra, más allá de cortar orejas la cual se pudiera traducir en un objetivo mayormente emotivo, literalmente “conquistar algo mas que la admiración y respeto de la afición capitalina”. Eso se llama Cariño, Empatía, Comunión. En pocas palabras ser un consentido. Ciertamente hemos visto a un Tomás en su papel de figura del toreo, realizando el toreo de clase cuando sus toros se lo permitieron, pero también evidenciando la pasmosa quietud con la que nos tiene siempre deleitados. Sin embargo y a pesar de ello el olé sonoro en esa puesta en escena no llegó con la plenitud de un espíritu extasiado y ávido de desahogar esa emoción a través de la máxima expresión a una bella creación.
¿Los motivos? Podrían ser varios: los toros de su lote carecieron de transmisión, o incluso que Tomás no se ha encontrado en la Plaza México con ese toro bravo que le permita agitar los corazones de los aficionados. Lo cierto es que Tomás aprobó taurinamente la asignatura, pero el fin máximo en esta apuesta se vio diluida al no lograr esa plena comunicación de sentimientos arrebatados con esos olés tan deletreados como ensordecedores que hacen vibrar hasta el alma más incrédula.
El Mito del Toreo sigue vivo y haciendo historia a su paso, sin embargo seguirá manteniendo esa divina obsesión de conquistar al grado máximo la plaza y la afición que le diera la bienvenida hace ya casi 14 años al escalafón mayor, aquel 10 de diciembre de 1995 frente al toro bautizado con un nombre tan orgullosamente mexicano como Mariachi grupo de músicos que por cierto acompañaron en su inmortal trayectoria musical a otro orgullo mexicano José Alfredo Jiménez y de quien por cierto hicieron alusión a través de los nombres con los que fueron bautizados los toros de Xajay el pasado domingo, acontecimiento que quedará grabado en las retinas de los aficionados que también atestiguamos por otra parte el pleno convencimiento y el si definitivo a la consolidación de una joven realidad cuyo romance con el publico capitalino es por demás apabullante.
Ante los Cuatro Camino que ya ha recorrido Arturo Macías abarcando su infancia en una primera etapa, su decisión en la adolescencia de llegar a las filas novilleriles realizando el viaje a la madre patria para forjarse como torero, su regreso siendo un joven para rematar su faceta y aspirar a una alternativa aunque discreta si con la ilusión de madurar y caminar con firmeza, y posteriormente su llegada a la México a los casi 23 años para confirmar no solo una alternativa frente a un imponente torazo de Barralva de nombre Don Palillo, sino gritar a voces calladas Quiero ser un torero importante.
Al cabo de tres años, el interior de un torero que ha luchado por llegar a la estrella visualizada en el firmamento taurino; esta autorizado para en retrospectiva hacer un análisis del camino andado y decirse asimismo Misión Cumplida, se cierra un capitulo en el que el titulo de figura del toreo, debemos dejar de escatimárselo, simplemente porque se ha logrado sobreponer a sus propias condiciones taurinas por las cuales aposto en un principio: estilo carismático, arrebatado, valeroso, entregado. Ahora después de haber sido testigo de la mejor faena que una servidora le ha visto realizar en la plaza México al Matador Macías, me es muy placentero como aficionada antes que comentarista, decir con firmeza y pleno convencimiento que Arturo Macías expresa hoy en día algo mas que una simpatía, algo mas que un toreo de entrega y tal valor que en ocasiones le hacia atropellar la razón.
Hoy en día Arturo Macías ejecuta un toreo no solo altamente emotivo que llega a las entrañas del mas entendido así como también de quien chanela poco pero tiene la virtud de sentir a flor de piel el toreo estructurado, templado, sentido y vibrante como el que ha ejercitado en esta ocasión la figura de México.
Sí señores, sin temor a equivocarme y en honor a la verdad; siento el deber moral y taurino de reconocer y otorgarle ese titulo a un hombre que se ha superado artísticamente, sin que ello signifique que ha llegado al tope de la ilusión y del aprendizaje. A un hombre que al imponerse retos con gallardía, los enfrenta y supera con autentica humildad y mayores aspiraciones…
UN TREPIDANTE GLADIADOR de la vida cuyo CORAZON VALIENTE le otorgan con mención honorífica y en su PLAZA TALISMAN ser condecorado con el titulo máximo al que puede aspirar un ser que no solo se juega la vida con singular alegría, sino que además le brinda la categoría y grandeza a la profesión elegida. ENHORABUENA ARTURO, has llegado al trono con la corona de REY.
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