ÚLTIMA HORA
16 agosto 2012
Por Mario Mora Legaspi
Ante la violencia y los crecientes embates de la delincuencia, los mexicanos no debemos actuar con pasividad, ni mucho menos asumir una actitud derrotista, sino sumar esfuerzos y colaborar a brazo partido para frenar a los criminales y revertir este clima de inseguridad, señaló el Arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, quien encabezó en Catedral Basílica la Misa Pontifical en honor de la Virgen de la Asunción.
Sostuvo que desgraciadamente este ambiente de violencia se ha extendido a prácticamente todos los rincones del país, “en unas entidades es más grave que en otras”, pero es un fenómeno de la que no se escapa ninguna zona del país.
En conferencia de prensa, acompañado del Obispo José María de la Torre Martín y del responsable de Comunicación Diocesana, presbítero Carlos Alberto Alvarado Quezada, el Arzobispo de León se refirió a la creciente violencia que ahora viven entidades como Guanajuato y San Luis Potosí, que hasta hace poco tiempo no tenían tantos problemas en este sentido.
Es momento de revisar a profundidad las causas de esta problemática, “porque todos tenemos parte de culpa”. Dijo que padres de familia, autoridades, maestros, medios de comunicación y los diversos sectores debemos hacer un “examen de conciencia” y revisar nuestro papel en el contexto social.
El Arzobispo Martín Rábago, quien no quiso abordar temas políticos ni mucho menos opinar sobre la situación postelectoral del país, añadió que la vida religiosa no puede permanecer al margen de la realidad que se vive en el país, porque indudablemente lo que pasa a nuestro alrededor también afecta de una u otra manera a la Iglesia Católica, cuyos integrantes también han vivido en carne propia las acciones y efectos de la violencia.
Aseguró que los recientes ataques a gasolineras y vehículos en cinco municipios del vecino Estado de Guanajuato, son una señal de que la violencia se incrementa en esa región sin que podamos saber hasta dónde llegará.
“La violencia crece y no es el fin, no sabemos hasta dónde más podemos ir creciendo y ciertamente eso creo yo que es preocupante”, expresó el dignatario eclesiástico.
El Prelado dijo que le preocupa que Guanajuato deje de ser un estado tranquilo, como tradicionalmente lo ha sido hasta ahora.
“Empieza a tener manifestaciones que comienzan a colocarnos también entre los estados violentos de la República Mexicana”, señaló el Arzobispo.
Puso de relieve que no es sólo responsabilidad de las autoridades combatir este problema. “Aquí estamos todos finalmente, la autoridad tiene una responsabilidad pero estamos todos y tenemos responsabilidades”, comentó.
Exhortó a que desde el interior de la familia se fomente la convivencia, la tranquilidad y la paz para evitar que los jóvenes se integren al crimen organizado.
El Arzobispo solicitó la participación de las instituciones, la Iglesia, los medios de comunicación y la familia para encarar estos problemas sociales.
“Tenemos que asumir como sociedad, con sentido de corresponsabilidad, un problema social tan grave”, manifestó Martín Rábago.
Por otro lado, a pregunta expresa, dijo que uno de los principales retos que tiene la Iglesia Católica es cumplir con el Documento de Aparecida, sobre todo realizar a plenitud su misión evangelizadora.
La Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio. Todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión: “Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16, 15). Pues ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida “en Él” supone estar profundamente enraizados en Él.
Hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida, resaló el Arzobispo.
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