Palestra Aguascalientes

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Cinco Años Cruzando el Charco Atlántico

18 octubre 2009

Cruzando el Atlantico

Por Ale Zamarripa Romero

“Hoy por fin después de muchos meses ha salido el sol en Pamplona, pero no en mi corazón”.

Poder viajar y conocer otras culturas y países es deseo de casi todos los seres humanos y resulta sumamente excitante darnos cuenta que un día ese sueño se llega a realizar.
Todo empieza por las sensaciones, se acumulan vertiginosamente sentimientos de alegría, incertidumbre, miedo y ganas de comerte el mundo, pero sientes que la vida da un vuelco y que a partir de ese viaje ya nada será igual, te entusiasma el saberte lejos de lo que eres y de lo que dejas detrás, te emociona el pensarte en otro mundo y con otra gente.
Así me pasó.
Despedirte por corto o largo plazo de tu vida, de tu entorno y de tus seres queridos, ya para empezar, es uno de los primero retos que toca enfrentar.
Cada segundo del viaje, cada detalle del trayecto, se queda grabado en tu mente y en tus recuerdos como parte de tu historia personal.
Llegado el momento de salir rumbo al país desconocido, te sientes un poco indefensa, porque eres tú la intrusa en un mundo al qué tendrás que adaptarte y no el mundo se rinde ante ti.
Te encuentras con muchas singularidades del día a día que para ti son totalmente desconocidas.
Recuerdo perfectamente la primera noche que dormí en un departamento en Pamplona, España. Era la quinta chica ahí y la última en llegar. Fue toda una aventura, descubrir el funcionamiento de las cortinillas de las ventanas, del funcionamiento del baño, el hacer la compra del supermercado, el subir por primera vez a la Villabesa (camión urbano), entre otras cosas. Te vas nutriendo de conceptos nuevos, de experiencias frescas y de formas de vida distintas.
Lo que más gocé en un principio en Pamplona fue la experiencia de la nieve, nunca me había tocado ver tanta y por tanto tiempo, era un espectáculo y un paisaje estupendo, aunque al cabo de los meses ya se convirtió en todo un martirio por el frío, lo resbaladizo, la falta del calzado y ropa adecuada, y sobre todo la ausencia de un sol que iluminara cada día y que te diera fuerzas y esperanzas de seguir en esa lucha por tu sueño.
Recuerdo bien un email que por aquel año de 2004 escribí a mi familia, que con sólo leer el título se notaba mi estado de ánimo: “Hoy por fin después de muchos meses ha salido el sol en Pamplona, pero no en mi corazón”.
No todo lo que brilla es oro y aunque el viajar es una experiencia envidiada por muchos y lograda por otros, implica un pro y un contra, y todo lo desconocido siempre causa angustia, y la lejanía dolor.
Pero no crean que todo es malo, tengo anécdotas muy divertidas, esto es sólo el principio del relato, la vida me ha sonreído gratamente y les puedo decir que todo lo rodado por el mundo ha servido de mucho para llegar a donde estoy, no soy nadie fuera de serie, sólo soy una mujer realizada y feliz.

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