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Clero se Dice Respetuoso de Homosexuales Pero no Aprueba sus Matrimonios

23 septiembre 2014

CLERO

Por Mario Mora Legaspi

La Iglesia Católica manifiesta en todo momento su respeto a la comunidad gay, pero mantendrá firme su postura de no permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo, subrayó en rueda informativa el vicario general de la Diócesis de Aguascalientes, canónigo Raúl Sosa Palos, en ausencia del Obispo José María de la Torre Martín.

Luego de recibir la carta dirigida al Obispo José María de la Torre Martín, misma que entregaron representantes de al menos 16 organizaciones civiles, a través de la cual le piden que no los ofenda ni tampoco los discrimine con calificativos peyorativos, sostuvo que la jerarquía eclesiástica invita a las personas homosexuales y lesbianas a vivir una espiritualidad sólida y no guiarse solamente por una atracción sexual.

“No es correcto dejarse arrastrar simplemente por el mero sexo o el hedonismo”, apuntó.

Puso en claro que “no estamos cerrados a sostener conversaciones con este sector de la sociedad”. Sin embargo, advirtió, los principios y valores que profesa la Iglesia no cambiarán en este aspecto.

Respecto a los señalamientos vertidos por el Obispo, quien llamó “invertidos” a dichas personas, el Vicario General apuntó que no lo hizo con mala intención y tampoco con el afán de ofender. Y respecto a la disculpa pública que piden diversas organizaciones civiles a través de una carta entregada en propia mano en las oficinas de la Mitra, el Vicario General de la Diócesis comentó que en todo caso el propio Obispo será quien decida si pide o no una disculpa.

Sostuvo que la Iglesia Católica como tal respeta a las personas homosexuales, «pero no puede en modo alguno aprobar la legalización de un matrimonio entre personas del mismo sexo».

En este sentido, sostuvo que el bienestar común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de familia, célula primaria de la sociedad.

Interrogado sobre la postura asumida por la Comunidad Lésbica Gay de Aguascalientes, que continuará pugnando porque en Aguascalientes se legisle a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, el jerarca religioso sostuvo que reconocer legalmente este tipo de uniones o equipararlas al matrimonio, «significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio cultural de la humanidad».

En este contexto, recalcó que los fieles católicos se encuentran obligados a oponerse al reconocimiento legal de los matrimonios entre personas del mismo sexo, pero también los políticos que presumen de profesar la religión católica o cristiana.

La Iglesia, remontándose a la razón humana, a la Sagrada Escritura y a toda la tradición, sigue insistiendo: el matrimonio es la unión conyugal de un hombre y de una mujer, orientada a la ayuda mutua y a la procreación y educación de los hijos.

En efecto, el matrimonio no es una institución meramente «convencional»; no es el resultado de un acuerdo o pacto social. Tiene un origen más profundo. Se basa en la voluntad creadora de Dios. Dios une al hombre y a la mujer para que formen «una sola carne» y puedan transmitir la vida humana: «Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra». Es decir, el matrimonio es una institución natural, cuyo autor es, en última instancia, el mismo Dios. Jesucristo, al elevarlo a la dignidad de sacramento, no modifica la esencia del matrimonio; no crea un matrimonio nuevo, sólo para los católicos, frente al matrimonio natural, que sería para todos. El matrimonio sigue siendo el mismo, pero para los bautizados es, además, sacramento, destacó Sosa Palos.

Lo que está en juego, en este caso como en cualquier otro en el que la Iglesia alza la voz, es el respeto a la dignidad de la persona humana y a la verdad sobre el hombre. El sujeto de derechos es la persona, no una peculiar orientación sexual.

El matrimonio no es cualquier cosa; no es cualquier tipo de asociación entre dos personas que se quieren, sino que es la íntima comunidad conyugal de vida y amor abierta a la transmisión de la vida; comunidad conyugal y fecunda que sólo puede establecerse entre hombre y mujer, enfatizó el canónigo Sosa Palos.

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