Palestra Aguascalientes

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David Guido Debe Regresar a Casa: Diócesis de Aguascalientes

11 marzo 2014

NIÑO

Por Mario Mora Legaspi

Los padres de familia deben estar más atentos a la educación y formación de sus hijos, sobre todo si son jóvenes, adolescentes y niños, porque ocupados en atender las necesidades básicas y lo inmediato, se descuida algo fundamental: la familia. En el caso del niño David Guido, que fue reportado como desaparecido, lo más conveniente es que regrese a su hogar para poner en claro las cosas.

Además, las nuevas generaciones se dejan influir mucho por las redes sociales, que en ocasiones difunden mensajes equivocados y hasta distorsionados sobre la realidad cotidiana, sostuvo el sacerdote Carlos Alberto Alvarado Quezada, coordinador de Comunicación Diocesana del Obispado de Aguascalientes.

Al referirse al caso del niño desaparecido David Guido, quien se salió de su casa por supuesto maltrato de sus padres, indicó que este hecho debe llamarnos a la reflexión sobre la importancia de educar y formar bien a nuestros hijos. Lo más conveniente es que este menor regrese al seno familiar para arreglar cualquier malentendido que haya tenido con sus padres.

Conscientes de la gran responsabilidad que tenemos, como Iglesia, de colaborar en el crecimiento integral de las personas, y respondiendo a la invitación que el Papa Francisco ha hecho para que fortalezcamos en la juventud la fe y la esperanza, ayudándoles a salir de lo que él mismo ha llamado la “cultura del descarte” en la que están inmersos los jóvenes, nos disponemos seguir trabajando con acciones concretas dentro de esta área preferencial de nuestra pastoral.

El mundo de hoy, propone al joven un abanico enorme de posibilidades en el que se le invita a “realizarse en su vida”. Desafortunadamente, muchas de esas opciones son sólo espejismos que lo único que hacen es deslumbrar a quien tiene anhelos de superación, impidiendo que viva un pleno compromiso en su crecimiento y en el desarrollo de su entorno, indicó el jerarca religioso.

Es por ello que la Iglesia está comprometida en hacer que la juventud haga vida sus ideales de crecimiento en la realización de sus proyectos, y que no se trunquen sus deseos de superación.

“Sabemos que tanto en la adolescencia como en la juventud se fortalecen los sueños del ser humano y debemos colaborar en que éstos tengan los sólidos cimientos de la fe, la esperanza y la caridad cristiana, que ayudarán a que las adversidades futuras puedan enfrentarse con valentía”, indicó Alvarado Quezada.

Destacó la importancia que tienen las redes sociales en la actualidad, mismas que deben ser manejadas con responsabilidad y transparencia, para no difundir mensajes equivocados ni distorsionados, porque perjudican sobre todo a los jóvenes y adolescentes que se forman ideas erróneas sobre tal o cual hecho.

El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta posibilidad era impensable para las precedentes generaciones. Los niños, adolescentes y jóvenes especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios para facilitar la conexión, la comunicación y la comprensión entre las personas y las comunidades, y los utilizan para estar en contacto con sus amigos, para encontrar nuevas amistades, para crear comunidades y redes, para buscar información y noticias, para compartir sus ideas y opiniones.

De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social.

El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás.

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