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El 41 en México…

26 junio 2010

“Exigimos los mismos derechos que los heterosexuales, que pueden si lo desean, casarse y formar una familia y con ello, otorgar la seguridad social y la obligación de apoyo mutuo a la pareja y a los hijos, biológicos o adoptados”

Al final de la novena marcha por el orgullo lésbico gay, el periodista y activista Marco García Robles, dio lectura a un documento en el plancha de la Plaza de Armas ante más de 200 homosexuales y lesbianas, así como público en general que se dio cita en ese lugar.

A continuación la transcripción del citado escrito:

El 41 es un número que en México relacionamos con los homosexuales porque en 1901, un 18 de noviembre, la policía de la ciudad de México realizó una redada en una casa particular donde se realizaba un baile de hombres, 19 de los cuales estaba vestido de mujer. Se dice que dejaron escapar a un yerno de Porfirio Díaz, pero todos los demás fueron castigados con un enrolamiento forzoso en el ejército.

También hace 41 años que sucedieron los disturbios de Nueva York, cuando las fuerzas de seguridad irrumpieron en el club Stonewall para el mismo fin de perseguir a homosexuales y transexuales, lo que llevó a la rebelión de la comunidad de la diversidad sexual y propició la organización del movimiento en pro de los derechos de esta minoría. Un año después, el 28 de junio, se celebraron las primeras marchas de Orgullo.

Hace ya cuarenta años que la lucha se dio en Estados Unidos y aunque en nuestro país hemos avanzado en leyes que castigan la discriminación, aún falta que las personas que pensamos o vivimos de manera distinta a la mayoría tengamos los mismos derechos de toda la población, como ya poseemos las mismas obligaciones.

Apenas hace unos meses que en el Distrito Federal se aprobaron los matrimonios entre personas del mismo sexo, reforma legal fue impugnada por gobiernos estatales y fuerzas políticas conservadoras.

Afortunadamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación está a punto de declarar la constitucionalidad de la iniciativa de la Asamblea Legislativa y dejar tal cual las leyes de adopción, que permiten obtener la tutela de un hijo sin importar las preferencias sexuales.

Apenas hace unos días, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos emitió una recomendación al gobierno municipal de Aguascalientes por la detención arbitraria de dos jóvenes, cuya supuesta falta fue “atentar contra la moral y las buenas costumbres” por manifestarse afecto mediante un beso en el estacionamiento de un cine.

Esperamos que este sea el principio de una actitud de respeto de las autoridades hacia la gente de la diversidad sexual y en actos como este buscamos crear consciencia a la población en general de que hay personas que aman o desean a otras del mismo género y que además tenemos el derecho a expresarnos y vivir conforme la orientación sexual que libremente hemos elegido.

Ser homosexual, lesbiana, bisexual, transgénero, travesti, transexual o intersexual no es un delito, y tampoco es una enfermedad, simplemente es una condición más de vida, que no nos limita ni nos vuelve especiales, simplemente diferentes.

¿Pero quién no es diferente a los otros o a las otras?

Exigimos la igualdad en la diferencia. Exigimos el respeto a la diversidad.

Exigimos la protección legal a nuestro modo de vida.

Exigimos los mismos derechos que los heterosexuales, que pueden si lo desean, casarse y formar una familia y con ello, otorgar la seguridad social y la obligación de apoyo mutuo a la pareja y a los hijos, biológicos o adoptados.

Hace doscientos años los mexicanos luchamos por quitarnos el yugo de la corona española.

Hace 100 años luchamos contra la dictadura, los cacicazgos y por la justicia social.

Hoy, las mujeres y los hombres por nacimiento o elección o a quienes la naturaleza les dotó con atributos de ambos, demandamos el reconocimiento legal y con ello la dotación de las garantías que nos vuelvan mexicanos y mexicanas plenos.

Ya no podemos permitir la persecución a individuos por su sola forma de vestir, por vivir con un rol distinto al que la familia, el gobierno o la sociedad le quiere imponer y también es hora de que los cambios en el nombre y el cuerpo sean una elección personal asistida y reconocida por las autoridades de salud y de registro civil.

Difícilmente hay una familia que no tenga entre sus miembros a un homosexual, una lesbiana, un bisexual, un o una trans e incluso un o una intersexual (antes llamados hermafroditas).

Por ignorancia, miedo o vergüenza muchas veces no se les acepta o reconoce, pero existen y también sienten, también sufren y aman.
Ya no permitiremos más la mofa, el escarnio, el estigma ni la burla de nadie por nuestra identidad sexual y la expresión de la misma.

Tenemos el derecho a la privacidad para quienes quieran ejercerla pero también merecemos el respeto por manifestar libremente nuestro modo de vida.

Todos somos diferentes, todos somos mexicanos, todos debemos ser iguales ante la ley.

¡Por el respeto a la diferencia!

¡Por la igualdad de todos y todas!

¡Por los derechos a la diversidad sexual!

¡Por Aguascalientes!

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