Palestra Aguascalientes

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El Mundo se va a Acabar

23 noviembre 2009

cine1

Por Olivia Cuevas Rangel

¡Odio las filas!

Tengo mi ración mensual al ir a pagar mi crédito hipotecario, los otros 29 días las evito tanto como puedo, pero no tuve otro remedio que formarme dócilmente para entrar a la tan sonada película 2012.

Me la habían “hiper-recomendado”, así es que acudí a la última función y previa espera de 20 minutos en la fila. ¿Cómo que nos esperemos a que entre toda la gente, acaso quieres que nos toque hasta adelante y salir con tortícolis?

Vi la famosa película de Roland Emmerich , creador entre otras de El Día Después de Mañana y El Día de la Independencia, ¿cuál es su problema con el mundo que se empeña tanto en recrear su destrucción?

El desenlace: llegué a mi casa a la 1.30 am, somnolienta y decepcionada.

-¿Qué esperabas? Es Hollywood.

Me dijo uno de los amigos con los que vi la cinta protagonizada por un John Cusack (quien mejor debiera quedarse en el género comedia). Uno viene, ve los efectos especiales y se va contento.

-Es más yo la volvería a ver- sentenció- no sé si para probar mis límites de indignación o porque realmente había quedado fascinado.

Quizá mi amigo tenga algo de razón, quizá si la gente se forma, nos formamos, para ver el fin del mundo con sonido estéreo y palomitas, y disfrutar la ridiculez de que el planeta se desmorone a dos centímetros del protagonista, y éste salga ileso, es porque no nos interesa reflexionar sobre el verdadero riesgo de que la tierra alcance su fecha de caducidad.

Siendo así, no importa demasiado que el guión sea tan pobre que aunque pareciera que la historia tiene como sustento las predicciones mayas, estos apenas sean mencionados, ya ni se diga México.

Personalmente no me genera placer ver desplomarse el Cristo Redentor de Río de Janeiro o la Capilla Sixtina en Roma, pero de las dos horas de suelos que se abren y tsunamis que arrasan con todo cuanto el hombre ha hecho, me quedo con la idea que se plantea de un puñado de modernas arcas de Noé que portan no sólo un par de cada especie animal, sino también una selección de obras de arte y claro, de seres humanos.

Resulta abrumadora la idea de que unos cuantos podrían decidir qué y quién es digno de ser salvado (aunque acaso no estamos acostumbrados a que otros decidan por nosotros o quién de nosotros votó por el IVA al 16 por ciento) Noé no tenía una tarea tan compleja en el diluvio universal.

¿Qué mexicano estaría en condiciones de “embarcarse”?, pensé en voz alta.

–Carlos Slim, por supuesto. espondió otra de mis amigas.

Mientras yo pensaba que un millonario no serviría de gran cosa para que la humanidad vuelva a empezar, pero en cambio sólo un millonario estaría en condiciones de pagar el espacio en el arca.

Ahora que los ricos del mundo también podrían incluir a unos cuantos científicos para garantizar el progreso en la nueva era, a los nobel de física y química por ejemplo (a los de economía y sus predicciones de tsunamis financieros sin duda se les dejaría fuera, tampoco creo que a los poderosos les interesara llevarse a algún literato, ni Nobel de la Paz salvo que se apellide Obama), pero –la buena noticia- también se necesitaría mano de obra y ahí sí podrían incluirse algunos mexicanos (si los hindús no nos ganan la partida).

Pero tengo una buena propuesta: el astronauta José Hernández –sí, ese que se hace el chistoso como cualquier hijo de vecino y que aunque le pese a Calderón es el michoacano que más alto ha llegado- podría ser de utilidad en un nuevo mundo, claro que también hay astronautas rusos y americanos.

Sigo pensando en la aportación mexicana a las nuevas arcas de Noé. Los políticos tendrían que quedarse fuera, un nuevo mundo sin políticos resultaría esperanzador (aunque seguro Luis Armando se sentiría indispensable para repoblar la tierra).

Temo que los periodistas tampoco estaríamos entre los seleccionados, a no ser alguna figura de la televisión gringa que pudiera pagar el boleto.

Se me termina la lista y no encuentro mexicanos “embarcables”, aunque Forbes me hace presentir que también estaría El Chapo -en clase premier- y quien quita y hasta los Tigres del Norte…pensándolo bien, creo que no está tan mal quedarse sin boleto, abrazar a quien uno más quiera y esperar el fin.

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