ÚLTIMA HORA
1 abril 2010

Por Dania Alejandra Velázquez Cano
Un espíritu de contradicción se asoma en nuestros tiempos, desde antiguo. Son momentos en los que casi podemos asegurar que la vida se viene a pique. Por los ritmos de consumo en el que estamos inmersos/as se nos va olvidado la práctica de mirar sin malicia, de dar y recibir sin “bonos adicionales” ni “jugosos beneficios adornados con licitud”.
Sí, hay que aprender, reaprender constantemente varias cosas en nuestra vida. En estos tiempos creo que el saber recibir y dar sin más que el hecho natural de brindarnos, es muy necesario. Ya que el saber ser receptivos /receptivas, está vinculado con el dar, por el mero gusto de compartirnos… esto está vinculado a la contemplación.
Una persona contemplativa es capaz de desarrollar en sí y de transmitir a quienes le rodean paz y felicidad, esa felicidad sencilla que nos deja con el rostro relajado y dulcemente gozoso.
Contemplar nos posibilita “poner los pies en la tierra” y dejarnos admirar, sorprender por lo que nos rodea, por lo que vivimos.
Igualmente nos prepara para no solo reaccionar ante los hechos, si no actuar y generar cambios. El contemplar no nos saca de la realidad a “soñar” o ver “color de rosa la vida”, al contrario, nos abre a un ejercicio para nuestro ser entero que nos posibilita ver más y de diferentes maneras el dolor, la carestía, las injusticias, los errores… Nos permite sopesar el corazón para elegir, ser cada día más nosotras/nosotros mismos y crear armonía alrededor. Así como nos prepara para enfrentar los conflictos o gestar una rebeldía con causa propositiva y real.
Ensanchar la mirada, el oído, el corazón; lo podemos hacer cotidianamente. Estas actitudes no son sólo de quienes tienen la posibilidad económica de darse un descanso en el trabajo cotidiano, o de quienes son expertos/expertas en espiritualidad y “cosas de Dios”. Es justo en la cotidianidad, que esta práctica, de mirar, escuchar y sentir con detenimiento, nos permite disfrutar lo que vivimos; incluso podemos caer en cuenta que ya lo realizamos, pero nos falta hacerlo conscientemente.
Haz consiente tus contemplaciones: Mientras preparas a tus hijos para la escuela míralos detenidamente, aún en el apuro del momento déjate sorprender por su mirada, por lo que tienes enfrente. Cuando te bañas, contémplate en hermoso cuerpo que eres, don que tienes así, gordo, flácido, huesudo, terso… como es que lo tienes, ¡lo tienes, es lo que eres! Una mañana déjate sorprender por lo agradable de sentir tu piel en el agua fresca unos segundos (no es anti-ecológico disfrutar de tu baño) haz consciente lo que haces y descubrirás más cosas.
En la comida de hoy, cinco segundos antes de “encajar el diente” mírala, disfruta la combinación de formas, colores y olores; busca en ello qué es lo que puede provocarte que “se te haga agua la boca” y come, disfruta tu comida, cómo te va satisfaciendo; mejor aún si tienes con quien la puedas compartir.
Ante el dolor y la aflicción deja pasar un segundo, y “mírate de lejos” compadécete, ámate, escúchate; un segundo más, solamente un segundo más, y abrázate completamente con misericordia… verás lo que brota.
En tu trabajo, tu escuela, tu espacio, mira los detalles, observa, no critiques, solo observa primero. Escucha no juzgues, deja que hagan eco los sonidos, escucha. No se trata de racionalizar las cosas, se trata de estar con todo lo que tienes, con toda tu persona. En lo que estás haciendo, en lo que tienes de frente; en tus proyectos, deseos; en tus silencios y palabras, con todo tu ser, corazón y mente; sueños y realidades; limitaciones y posibilidades.
Contemplar, sobre todo es dejarse afectar, tocar, por lo que observas, escuchas; de tal manera que propicie no una reacción inmediata, sin más, si no una acción propositiva que trae consigo la gratitud, y en ocasiones simple y hermoso silencio.
El contemplar, dice Thomas Keatting, es hacer espacio a la acción, al actuar de Dios en nosotros, nosotras. Es una práctica necesaria para llegar a la encarnación. Es movimiento, fuego que nos lanza a la vida y nos prepara para recibirla.
Deja tu Comentario