ÚLTIMA HORA
24 octubre 2009

Por Dania Alejandra Velázquez Cano
Todos los viernes tenemos reunión un grupo de adolescentes, varones y mujeres, para reflexionar algún tema “misionero”, en el que compartimos la vida, y preparamos visitas a instituciones o lugares que necesiten nuestra presencia, para brindar nuestra ayuda material o simplemente hacer presencia cercana con los o las del lugar.
En esas reuniones previas de los viernes es muy difícil, sobre todo en las primeras sesiones, que los y las adolescentes puedan mantener su atención por mucho tiempo. No estamos acostumbrados /as a valorar la palabra del otro, de la otra, con justa razón, en parte por la devaluación de dicho ejercicio, otro tanto es la edad en la que se encuentran, además de la poca confianza que tenemos en el peso y riqueza de lo que pensamos, sentimos, y por lo tanto comunicamos. Sin embargo al final del año escolar, puedo decir con gusto que este ejercicio de escucha se llega a dar profundamente.
El prestar atención, el escuchar nuestro alrededor, implica varias cosas: silencio interno y externo; atención; no juzgar; discernir; y acoger. Tanto cuanto se pretende profundizar en la comunicación, en las relaciones; este ejercicio de escucha se torna cada vez más importante e ineludible.
La Escucha es clave en cuestión de las creencias, de la espiritualidad –nuestra esencia personal existencial-, y de religión. Tanto para un proceso de crecimiento interno o comunitario, como para el encuentro entre diferentes espiritualidades y religiones. Y así lo podemos ver, en un mundo de diversidad, este tipo de encuentros son por demás cotidianos y comprometedores.
Eso han querido visibilizar en el Parlamento Mundial de Religiones a celebrarse este 2 y3 de diciembre de 2009 en Melbourne, Australia. Con el lema «Religiones y espiritualidad para la humanidad: construyendo el futuro en un mundo de diferencias, escuchándonos unos a otros». En dicho encuentro se pretende reflexionar sobre la necesidad y el cómo escucharnos unos a otros/as, así como construir paz, y hacer un mundo diferente con todo ello, a través de la curación de la tierra.
Es por ello que en varias partes del mundo se están viviendo los Pre-parlamentos de Religiones del Mundo y México no fue la excepción. Dicho encuentro se llevo a cabo este 14 y 15 de mes, en el la sentencia que prevaleció fue la certeza de esta necesidad de escucharnos unos/as a otros/as para conocernos, aceptarnos, y apreciar la diferencias; dejándonos enriquecer mutuamente.
Y hago mención de la primera mesa del día, que realmente disfruté, y en la que participaron como ponentes: a la Teóloga y Pastora Rebeca Montemayor, de la Iglesia Bautista Shalom, y a Alejandro Rodríguez director del Instituto Salesiano de Estudios Superiores (anfitrión del evento).
De Rebeca Montemayor, me quedé con una afirmación que le dio ritmo a toda su intervención: «nos cruzamos para tomar distancia, para dejar nuestras intervenciones redentoras» y dialogar con nuestras preguntas al interno y al otro, reconociendo que ese otro lado me identifica y me nutre». Con estas acciones, seguramente no podremos evitar la propia revisión de lo cotidiano y de lo que aportamos, reconociéndonos como quienes salen al encuentro más allá de las necesidades, dejando de movernos solo en nuestros centros, y con ello superar la uniformidad. Siempre a la escucha del otro, la otra, en apertura, en dialogo identitario.
Enriqueciendo esta visión Alejandro Rodríguez provocó una reflexión que me llegó a los huesos; al tocar la realidad de «La Vulnerabilidad del ser humano como posibilidad de encuentro plenificante», que nos lleva a reconocer a ese Dios que transforma y gesta una actitud receptiva…. Así aseguramos que nuestros encuentros sean de esperanza, y afirmamos que desde nuestras vulnerabilidades, nuestra más pura humanidad, es capaz de gestar otra cosa.
Así pues me convenzo cada día más que lo que construimos constantemente como relevante aunque sea finito, propicia encuentros con las otras finitudes y con lo Otro. Es constante incitación a hondar en nuestras propias creencias con actitud crítica, humanizadora y dialogante. Igualmente escuchar y dialogar con otras creencias y espiritualidades. Podemos sin embargo empezar con algo más sencillo para ejercitarnos, como escuchar nuestro corazón, escuchar el mundo que nos rodea cotidianamente y que nos dicen, nos hablan de esta diversidad.
Hoy un momento, calla tu voz, y deja que hable tu corazón… Calla tu corazón y deja que te cante el corazón de tu hermano, hermana.
Deja tu Comentario