ÚLTIMA HORA
8 agosto 2014
La habitación en cuestión tiene el nombre de mi amor anacrónico: Frida.
Cuenta con una hermosa vista justo hacia los verdes huertos donde se cosechan las mejores guayabas de México. Las cúpulas de dos templos compiten entre sí y una nube oculta lo alto de la sierra.

El morado y plata predominan en la habitación. Cuadros de la hermosa Kahlo cuelgan estratégicamente de las paredes de adobe. Abajo el agua de la alberca refleja la luz del sol que se cuela por el balcón. Huele a café de olla y al tradicional pan de Calvillo recién horneado.

El temazcal con piedras volcánicas está a unos pasos.

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