ÚLTIMA HORA
22 julio 2015
Por Alfonso Morales Castorena
El desconocido que fuera encontrado sin vida, flotando entre las aguas del caudaloso arroyo que corre por una sección del fraccionamiento Balcones de Oriente, la noche del domingo pasado, fue identificado como el alcohólico crónico Rigoberto Macías Salazar, que contaba con 34 años, y radicara en la calle Las Brisas número 203, en la cercana colonia El Rocío, informaron las autoridades ministeriales.
La identificación la realizaron sus hermanas Sonia y María del Refugio Elizabeth Macías Salazar, de 32 y 34 años, enteradas del triste fin de su consanguíneo por voz de algunas de sus vecinas, que lo habían conocido en vida y atestiguaron las labores de rescate de su cadáver del fondo del arroyo al que cayera.
Ambas mujeres señalaron que habían visto a su hermano por última vez el pasado viernes diez de los corrientes, cuando acudieron a visitarlo a su domicilio, con la finalidad de estar a su cuidado debido a que desde los quince años de edad era víctima de convulsiones y por lo general eran quienes le administraban algunos de sus medicamentos.
En esa fecha, las dos se retiraron a sus respectivos domicilios en cuanto confirmaron que aparentemente se encontraba estable y en buenas condiciones de salud, retornando la primera de ellas cinco días después para continuar vigilándolo, pero en esa ocasión una de sus vecinas le informó que su hermano tenía varios días que deambulaba por las calles del cercano fraccionamiento Balcones de Oriente, dedicado a la ingesta casi diaria de las bebidas embriagantes a las que era adicto desde hace poco más de siete años anteriores a la fecha.
Señalaron que ya no volverían a tener noticias de su paradero, hasta que ayer en la madrugada, su padre, Roberto Macías Vargas, les confirmó vía celular del triste fin de su pariente y al indagar el asunto conocieron que en apariencia al encontrarse ebrio se aproximó a una de las orillas del arroyo que corre desde la avenida San Francisco de los Vivero hasta la calle Próceres de la Enseñanza, en terrenos del fraccionamiento J. Guadalupe Peralta y que ahí se gestó el mortal percance que lo llevó a la tumba.
Una vez que requisitaron la documentación del caso en la fiscalía del fuero común, reclamaron la devolución del cadáver de su malogrado familiar para proceder a darle cristiana sepultura, sin que exigieran el ejercicio de la acción penal o la continuación de las diligencias, al considerar que todo fue obra de un malhadado accidente lo que le costó la vida a su enfermo pariente y nada más.
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