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La Feria de San Marcos… ¿Patrimonio Cultural?

5 marzo 2012

Por Nora Ruvalcaba Gámez

El norteamericano nacido en Bakersfield, California, José Carlos Lozano de la Torre, puede declarar con cargo al erario público, como lo ha venido haciendo desde su asunción al poder, lo que se le ocurra o sueñe; lo que le dicte su jefe de Gabinete o le recomiende su horóscopo; lo que le marque la agenda de sus estados anímicos o lo que le dé su regalada gana. De la misma manera puede decretar arbitraria y gonadalmente, que las corridas de toros, la Feria de San Marcos y los Licores Alameda deben ser por disposición oficial, “Patrimonio Cultural de Aguascalientes”. Así, creó la Comisión Editorial del Poder Ejecutivo, que según él se encargará de escribir la “Crónica gubernamental” para que ésta no se maneje a gustos o caprichos, sino mediante formato real.

No cabe duda de que el gobernador extranjero, más que atender sus funciones de estadista, se ocupa y preocupa de imponer sus aficiones misteriosas, abigarradas y caricaturescas a un pueblo que en su inmensa mayoría no gusta de la “fiesta brava”, aunque el Lozano de la Torre nos grite “¡Olé!” con Federico García Lorca para decirnos que “los toros son la fiesta más culta que hay hoy en el mundo” y que la historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda, según lo expresara alguna vez José Ortega y Gasset.

La parte verdaderamente cultural de la Feria de San Marcos nunca ha interesado a los “patronos” de los gobiernos en turno. Hace muchos años esta fiesta popular perdió su inocencia y su carácter cultural. Los grupos indígenas no son bienvenidos a la Feria de San Marcos. Qué podemos esperar de un “gringo” que ignora, por así convenir a sus gustos y aficiones, el Artículo 2 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que señala: “La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.”

¿Sabrá Lozano de la Torre lo que significa historia, identidad, memoria colectiva, patrimonio cultural en sus dos aspectos: el del patrimonio material o físico, que refiere a edificios, lugares y objetos, y el del patrimonio inmaterial que alude a valores, creencias, símbolos y representaciones?

Ciertamente, no tiene la culpa el indio, sino los compadres de José Carlos Lozano de la Torre a quienes hay que recordarles que las Costillas de Sancho y los Licores Alameda son patrimonio de sus amigos, y nada tiene que ver con la histórica elaboración de condoches en nuestra entidad, las danzas de indios y de la pluma en Tepezalá, los Chicahuales en Jesús María y la Romería a la Virgen de la Asunción, considerados, estos sí, dentro del Sistema de Información Cultural del Consejo Nacional para Cultura y la Artes del Gobierno Federal, como el patrimonio cultural inmaterial de Aguascalientes.

El actual presidente del Patronato de la Feria Nacional de San Marcos, Alejandro Alba Felguérez, a la sazón dueño del restaurante Las Costillas de Sancho, más que hacer negocio con la Feria, tiene la obligación de difundir las expresiones culturales de nuestros pueblos.
Tepezalá, Jesús Máría, Rincón de Romos y San José de Gracia, tienen mucho más que mostrar en la Feria de San Marcos que aquellos particulares que han pervertido nuestras tradiciones.

Y para que lo sepa el gobernador y sus compinches, de acuerdo a Conaculta: “En Tepezalá la Danza de los indios se efectúa en la capilla del barrio del Socorro. La festividad se inicia desde muy temprano por la mañana, cuando el grupo de danzantes baila ante la Virgen; el atuendo de estos personajes se compone de camisa y calzonera de satín rojo, medias de popotillo, huaraches zacatecanos, penacho circular, machete, y una especie de camisón que los cubre por completo; se adornan con tiras de lentejuela, chaquira, conchas de caracol y espejos. Después de estos primeros bailes, el grupo pasa a comer, para que en la tarde se escenifique la parte principal y singular de esta ‘danza’. La primera fase de ella es llamada ‘la subida’, en la cual, al sonido de un disparo los ‘indios’ corren hacia una loma cercana donde los esperan los ‘españoles’, representados por otras personas de la comunidad; estos últimos se visten normalmente, aunque portan viejas carabinas y se acompañan de tambores, cornetas y estandartes. Tras de infructuosas ‘pláticas de paz’, empieza el ‘combate’, con los indios atacando, con guturales gritos y gran algarabía, a los españoles, que corren de ‘bajada’ rumbo al pueblo. Finalmente, los indios se apoderan del estandarte de los españoles y se da inicio al juicio de estos. El portador del estandarte es llevado ante el ‘Gran Señor’, al que suplica perdón en forma inútil ya que es ultimado por los indios; estos se abalanzan sobre el muerto y simulan destazarlo y comérselo en pedazos. Una vez terminada esta parte, la festividad continúa con la celebración de una misa y más danzas durante la noche. El cierre del ritual es impresionante, con los danzantes y el pueblo entero girando, saltando, gritando y cantando alabanzas a la Virgen y versos tradicionales del lugar”.

Y hablando de la elaboración de condoches como patrimonio cultural inmaterial de Aguascalientes, no existe un solo lugar en la Feria de San Marcos que los venda, sea porque no le interesa su difusión al dueño de las Costillas de Sancho o porque la gente del pueblo que los elabora no tiene para pagar los costosos permisos que impone el Patronato y el Municipio de Aguascalientes.

Por mí que se extingan las corridas de toros y se mantenga la fiel tradición de los condoches a pesar de García Lorca y Ortega y Gasset.

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