ÚLTIMA HORA
21 diciembre 2015
Por Mario César Macías Zúñiga
Ya para finalizar la Tradicional Posada 2015 en el Hogar de la Niña Casimira Arteaga, Santa Claus visitó el dormitorio de las pequeñas para despedirse de las traviesas.
Una de las más chiquitas no pudo estar presente en el festejo, pues por estar enferma de la gripe se la pasó en cama y hasta allá fue el tipo de la barba blanca a saludarla.
De repente, en un gesto que no esperábamos, las niñas comienzan a tomar sus juguetes y se los entregan a Santa Claus para que él se los lleve “a los niños pobres” y así ellos tengan un obsequio en Navidad.
Literalmente las niñas abren el saco de terciopelo rojo y depositan sus juguetes para que Santa Claus lleve regalos a otros niños.
Insisto, cuando creemos que estamos dando, en realidad estamos recibiendo.
Nos quedamos mudos mientras las niñas corrían por más y más juguetes para que Santa Claus pudiera llevar más regalos “a los niños pobres”. Nada más nos volteábamos a ver.
Antes, durante el festejo, una niña preguntó por su mamá a Santa Claus. Según me cuentan las hermanas, mi amigo “Chapetes” se la rifó con las respuestas que le dio a la pequeña que preguntaba por su mami a la que de repente, sin saber porque, dejó de ver.
Hay verdades que no pueden ser contadas a cierta edad.
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