ÚLTIMA HORA
29 octubre 2009

Una Tradición de Muertos que Sigue Viva
Por Socorro Zepeda Arellano
El festejo de Día de Muertos se caracteriza por ser uno de los más importantes en nuestro país, ya que tiene orígenes prehispánicos unificándose con las tradiciones de la cultura española, transformándose y aptándose a la evolución de las creencias de la sociedad mexicana.
Se han relacionado estrechamente, con lo que originalmente fue la celebración prehispánica del fin del ciclo agrícola de temporal. Para los antiguos mexicanos, Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, libera al hombre de sus castigos, dando total importancia la forma en la cual había muerto, y no en la vida que llevó el difunto. Después de la muerte, los guerreros alzaban vuelo alrededor del sol convertidos en colibríes y mariposas.
Los antecedentes más cercanos de lo que actualmente conocemos como la celebración de todos los santos y de los fieles difuntos, datan del siglo XVII, la celebración “jocosa” de los muertos.
Desde entonces se elaboraban unos “sepulturitas” con figuras de personas, simulando al difunto y a los padres trinitarios, quienes se encargaban de llevar los cadáveres de la gente humilde al camposanto. Esta tradición sigue vigente hasta nuestros días, realizándose también otro tipo de tumbitas de tejamanil negras con adornos blancos y con candelabros de carrizo y una figura de barro representando al difunto.
Todos estos elementos que han ido cambiando sin duda no pierden la esencia de representa la ilusión y la necesidad de creer en algo más allá de esta vida terrenal.
El altar de muertos una herencia cultural, un sitio sagrado donde se honra la memoria de las personas fallecidas, haciendo un ritual de invocación al alma de aquel ser que dejo el mundo físico y contiene ciertos elementos que son indispensables para lograr el objetivo de atraer a las ánimas de los difuntos perpetuados.
Se considera que debe contar con tres niveles el nivel superior hace alusión al cielo a los santos y es donde se colocan las imágenes de santos; el segundo nivel se encuentra el limbo y es aquí donde se colocan fotografía de los difuntos homenajeados, la tercera es la tierra y se colocan todo lo que disfrutaban en vida como lo es dulces, comida, bebidas o juguetes en caso de niños.
El aire representando por el papel picado, la purificación a través de la sal, en forma de cruz, el copal e incienso que también complementa la purificación del alma; la tierra a través de fruta, otro elemento indispensable es al agua para que el espíritu refresque sus labios y mitigue su sed, así como figuras de calaveras en barro o cartón, calaveras de azúcar con el nombre del muertito y uno que otro vivo, un petate y todos los que fueron los objetos personales preferidos del muertito.
Alrededor del en donde se coloque, debe tener un arco que simboliza el permiso que da San Pedro para que las almas puedan salir y regresar al Paraíso; enfrente se coloca un caminito de pétalos de flor de cempoatxóchitl para que los muertos se guíen, ayudados por su hermoso color amarillo fuerte, el cual simboliza la luz que el alma debe de seguir.
Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su hogar y compartir de lo que más disfrutaron de la vida en este día.
Cruz de Tierra: Para inmortalizar su fe, y la relación con Dios y las creencias de un paraíso junto a él, después de la muerte y el mundo terrenal del que salió.
La fe con la cual la sociedad mexicana a través de generaciones, realiza esta tradición por la cual se invoca la energía espiritual de la los difuntos es sorprendente.
Es un honor para los familiares realizar este mito en el cual se trata de presentar de una forma simbólica y materializar de nuevo los gustos personalidades de los difuntos.
El lazo emocional que se genera con los familiares, hacen que su esencia haya quedado para siempre en nuestros recuerdos a través del aprendizaje que nos dejaron.
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