ÚLTIMA HORA
23 diciembre 2015
Sabemos que las personas con autismo presentan hipo o hipersensibilidad auditiva, visual, olfativa, gustativa y táctil.
Cerca del 40 por ciento de los niños con autismo tienen alguna anormalidad de sensibilidad sensorial. Uno o varios sistemas sensoriales están afectados de tal forma que las sensaciones normales son percibidas con una intensidad intolerable.
Afortunadamente, la hipersensibilidad disminuye a menudo después de la infancia, pero para algunos individuos puede continuar a lo largo de sus vidas. Les fascinan determinado estímulos y en ocasiones no se inmutan ante un golpe doloroso o ante la sensación de frío.
La sensibilidad que más se encuentra en este tipo de población es la auditiva, y hay tres tipos de ruidos que son percibidos con extrema intensidad.
Los ruidos inesperados, como los timbres de colegio, o el sonar de un teléfono.
Los ruidos con tono alto como los aparatos eléctricos usados en cocinas, baños y jardín (batidoras, taladros, secadores, sierras mecánicas etc…
Y los sonidos múltiples, como ocurre en centros comerciales o el ruido de las reuniones sociales.
Algunos sonidos pueden ser evitados; ejemplo, los ruidos de los instrumentos de cocina se pueden utilizar cuando el niño no esté en casa, tapones para los oídos cuando el ruido es inevitable e intenso, también el oír música utilizando unos auriculares puede camuflar el ruido…
La distracción, el aislamiento o las conductas problema, pueden ser reacciones a sonidos que las demás personas de su entorno pueden considerarlos insignificantes. Por ello, es importante que tanto los padres y profesores conozcan la sensibilidad auditiva e intentar minimizar los niveles de los ruidos inesperados, reducir los sonidos de fondo de las conversaciones de otras personas, y evitar determinados sonidos que se sabe que son percibidos intensamente.
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