ÚLTIMA HORA
22 agosto 2011
Estuvo prestando apoyo como paramédico de Cruz Roja en las labores de socorro y emergencia posteriores a los sismos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México y contribuyó al rescate de unas 20 personas que habían quedado atrapadas bajo toneladas de tierra y escombros, que a gritos pedían ser liberadas. Nunca habían observado sus ojos tal devastación ni apreciado tanto dolor ni sufrimiento.
Tres lustros después, en 2000, Elba María de la Luz Hernández Díaz se convirtió en la primer mujer bombero de Aguascalientes y de ese año a la fecha, considera haber participado en alrededor de 2 mil servicios diferentes, como incendios, control de fugas de gas y enjambres de abejas y el rescate de personas prensadas entre los hierros retorcidos de vehículos accidentados.
Madre de cuatro hijos, Elba supo enfrentar el reto que significaba ser mamá y papá al mismo tiempo y también bombero y recuerda que no le fue tan difícil adaptarse a esta actividad tras haber formado parte del grupo de paramédicos de la Cruz Roja por espacio de varios años. Se siente profundamente orgullosa por haber salvado la vida de muchas personas en casos de emergencia.
Reconoce que ella misma, en algunas ocasiones, estuvo a punto de perecer, ya sea en incendios, en fugas de gas e incluso, por haber incurrido ella misma en algunos descuidos al momento de realizar sus labores, experiencias que afirma, le han dejado grandes enseñanzas.
“Indudablemente, para ser mujer bombero se necesita mucha fuerza de voluntad, una enorme disposición de ayudar a los demás y contar con sangre fría, ya que de lo contrario el miedo y las emociones te paralizan y no puedes hacer nada”, señala esta mujer con voz firme.
Con una gran experiencia como paramédico, conoce las técnicas a las que se debe recurrir para el manejo más adecuado de una persona lesionada y también sabe del manejo de las llamadas quijadas de la vida, que no son otra cosa que herramientas de precisión –pinzas de corte, separador y un punto de apoyo capaz de levantar un vehículo- utilizadas para rescatar a personas que han quedado prensadas entre los fierros retorcidos de un automotor tras un accidente.
Las quijadas de la vida tienen que ser cuidadosamente manejadas por personal capacitado para ello, pues se corre el riesgo de lesionar aún más a quien se desea rescatar si no se conoce exactamente cómo y dónde hay que hacer los cortes y las separaciones de puertas, ventanas y otros materiales metálicos de los vehículos. Incluso, añade Elba María de la Luz, el mismo rescatista puede resultar lastimado.
Recuerda haber tenido que cortar parte de la carne de la pierna de una muchacha que había quedado en esas condiciones a raíz del choque frontal de dos vehículos. La chica había quedado prensada y una de sus piernas permanecía entre la puerta y el tablero, pero presentaba ya una lesión muy severa y su extremidad estaba sumamente debilitada y apenas sostenida por el fémur.
Era necesario actuar con toda prontitud, pues de lo contrario en pocos minutos perecería, habida cuenta de que en el fémur hay una vena que conduce sangre directamente al corazón. La muchacha del accidente se estaba desangrando y hubo que cortar piel –con la autorización del médico responsable allí presente- para poderla liberar y así salvar su existencia.
Nuestra entrevistada hizo un llamado a los automovilistas para que bajo ninguna circunstancia sigan la marcha de cualquier vehículo de emergencia, ya sean patrullas, ambulancias o camiones de bomberos, ya que esto, además de constituir un acto verdaderamente irresponsable, les puede costar la vida no solamente a ellos, sino también a sus acompañantes, a terceras personas e incluso, a quienes se disponían a prestar labores de auxilio y socorro.
“Una vez, íbamos a cubrir un incendio y detrás de nuestro camión iba también, a toda velocidad, siguiéndonos, un jovencito al volante de un auto. Hubo un momento en que a nosotros se nos atravesó un tráiler y quien manejaba nuestra unidad pudo hacer una peligrosa maniobra para esquivarlo, pero no así el muchacho, quien terminó por estrellarse precisamente debajo del pesado tráiler, donde lamentablemente perdió la vida”, concluyó Elba María de la Luz.
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