ÚLTIMA HORA
22 mayo 2014
Por Jaime Arteaga
Murió Gabo, chingao, no es cierto; tantos desgraciados que estorban y ahí siguen, no es posible. Me consuela que los artistas como él no mueren, son eternos, su magia vivirá siempre y si alguien cree que es lugar común lo que escribo, que me perdone pero me vale madre. Estoy entre triste y encabronado.
Gabo, gran viejo, cuando dijiste que Rulfo te inspiró para escribir como escribiste, me sentí reconciliado con la vida y feliz de que un grande como tú dijera eso. Pero viéndolo bien, por eso lo dijiste, porque eres grande y reconoces a tus pares.
¡Claro que quisiera ser como tú! ¿De dónde sacaste personajes como Aureliano Buendía o Mauricio Babilonia, al que perseguían mariposas amarillas de tan enamorado que estaba y era fácil localizarlo en cualquier parte, no se diga en el cine al aire libre de Macondo donde todo era mágico.
Me creerás Gabo, que un día una amiga que tal vez me quería mucho, me dijo que tú y yo nos parecemos. Yo que más quisiera, ser como tú, abierto de mente, sencillo, bigote grande, amante incansable de la narrativa y el periodismo. Has muerto, pero yo insisto, alguien así no puede morir, no debe hacerlo. Los viejos grandes y de alas enormes harán falta y también tus reportajes. Me sentiré desolado en los funerales de la Mamá Grande o igual, enamorado en los tiempos de cólera, abatido junto al coronel que sigue sin quien le escriba.
Dicen en todos los medios que has muerto, pero los corazones dicen que eso no es posible, lo dice un náufrago con ojos de perro azul.
Los viejos como tú son eternos porque comen polvo de estrellas y ese será tu alimento en los próximos mil millones de años. ¿Y sabes por qué me caes bien? porque en tu grandeza supiste ser humilde, agradecido con tu abuelo el que te contaba historias y con el que te llevó de la mano por las calles aterradas de Comala.
Pero ve tú Gabo cómo es la vida, hoy aquí te recuerdo y te escribo sentado en la hojarasca del bosque de mi vida. Yo no iba a ponerme a llorar porque dejaste de respirar amigo mío, al contrario, he salido a buscar tus libros para leerlos de nuevo…y se han agotado, muchos han hecho lo mismo, otros apenas buscarán conocerte para entender tanto revuelo por tu partida.
Por eso digo que estás más vivo que nunca, dirán que exagero pero yo les pregunto ¿quién volverá a desbordar la imaginación de millones con la magia de tu narrativa?
Prometo no llorar porque dime si no: ¿Qué tanto nos separa este instante en la inmensidad del tiempo y del universo? ¿Qué tanto son cien años de soledad?
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