ÚLTIMA HORA
2 noviembre 2009

Creo en los Muertos
Por Dania Alejandra Veláz1uez Cano
Sí, creo en los muertos porque los he visto, me he topado con ellos y ellas, son hombres y mujeres sin aliento, que andan penando, vagan por esta vida sin estar en ella realmente; no terminaron ciertos asuntos, aún no los terminan. Se saben muertos y no ven como hacer o vivir lo que les toca, entonces se dan por muertos.
Al entrar en contacto con ellos y ellas me dejan un mensaje muy claro, la vida es para vivirse en plenitud con broncas y gozos, con dudas y esperanzas, no para andar “penando” como ellas y ellos andan. No para andar en esta vida muertos-muertas.
Ya nos tocará la muerte completa, ese tránsito a otro plano, a la Vida en saciedad, que por lo demás, también es para Estar en plenitud. Para que adelantar y/o prolongar lo que es sólo un tránsito; para que andar con malos olores, con la piel “carcomida”, con la presencia a medias, cariño a medias, mirada a medias, sonrisa, dolor, gozo y preocupaciones a medias.
Así es como se dan a notar esos muertos/as: por su olor putrefacto, cuando almacena sentimientos de muerte, de rencor, de odio, de envidia, de dolor, de venganza… Eso se nos acumula en todo nuestro ser, pudriéndonos por dentro, “aguadando” nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de expeler aromas tan sabrosos como el amor, la alegría, la paz.
Estos cadáveres andantes, Se ven de lejos y espantan de cerca, por su “piel carcomida”, imagen que por más que se pretenda ocultar, muestra, expone la putrefacción; el vacío, la carne que se desmorona… es el mismo vacío, falta de amor propio, por lo que se es, cuando se devora a sí misma la oportunidad de ser en plenitud por sí y en vital relación libre de codependencias que acaban nuestra humanidad.
Toparse con muertos-muertas, no es para nada una experiencia agradable. Pareciera que nos quitan la propia vida, para llevarnos a su estado. Sin embargo, es una experiencia que nos invita a trascender y a evocar más vida, “chance y se les antoje mejor vivir”.
A colación un texto de Sabines: “Habría de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.” Y es que estamos llamadas/os a la vida y a transmitirla. En realidad somos portadoras, portadores de vida y somos capaces de contagiarla.
Así que, lo repito, creo en los muertos, porque los he visto. Sin embargo, creo, tengo más fe en las personas vivas, ya sea en este u otro plano. En las y los que estamos y somos en correlación con la creación y con el Creador.
Ser hija, hermana, compañera, creadora… es parte esencial de lo que me hace Existir y Plenificarme como persona, como creación y como co-creadora, definitivamente.
Si este tiempo nos hace vínculo con los y las que “se nos adelantaron” haciendo memoria a lo que en vida nos compartieron y enseñaron, lo que nos heredaron; es tiempo para pensar en nuestra existencia y cómo la tomamos.
En medio de mi reposo obligado, por un leve accidente, tuve el espacio para ver cuánto tiempo he estado muerta en vida. Cuánto tiempo he perdido, he matado. Entonces me di cuenta, los y las vi: hombres y mujeres como yo, a ratos, otros continuadamente: muertos muertas en vida. Así que no lo puedo ignorar, y al verlos creo en ellos, pero como señal de lo que no quiero, como alerta de lo que, por cotidiano o por inercia, estamos en riesgo de llegar a ser.
Felicidades a quien se sabe bien vivo, bien viva; a quien reconoce su existencia como la que alimenta otras; no por deber o por heroísmo, si no por pura consecuencia de quien desborda vida, de quien se dispone a estar en plenitud, de quien VIVE.
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