ÚLTIMA HORA
10 noviembre 2015
Por César Rojo Alba
El nulo respeto a los indicativos preventivos férreos en el que incurriera un jornalero, más la invasión que hiciera del camino obligado del convoy ferroviario y su imprudencia para tratar de ganarle el paso a un tren carguero, determinaron su muerte inmediata, como consecuencia del desigual choque entre la bicicleta que pedaleaba y la máquina que arrastraba el gusano de acero, ocurrida ayer al mediodía en el cruce que las paralelas forman con la carretera vecinal 25 de jurisdicción federal Aguascalientes-Loreto-San Marcos, Zacatecas, a la altura del kilómetro 1+100, en terrenos del fraccionamiento Ex Viñedos de Guadalupe, perteneciente al municipio de San Francisco de los Romo, informaron las autoridades del ramo.
Al seco y desigual choque frontolateral, la víctima mortal del desigual percance, Arturo López Rojas, de 65 años de edad, que viviera en la calle Viñedos Cariñán 322 en ese fraccionamiento, fue lanzado a un lado de las paralelas ya sin vida, merced a los graves traumatismos que sufriera en el cráneo y la región toracoabdominal, que le interesaron funciones y órganos vitales.
Junto a su cadáver quedaría la bicicleta de color rosa, rodada 26, que minutos antes montaba, reducida a simple montón de fierros como consecuencia de la colisión con la máquina 6761 que jalaba el tren carguero con destino a la ciudad de Torreón, Coahuila, pero con checado oficial en la cercana estación de Chicalote, municipio de San Francisco de los Romo, a donde se dirigía al momento de ocurrir el trágico suceso.
El conductor de la máquina y el encargado de la misma – cuyas identidades quedaron en reserva – señalaron a las autoridades ministeriales, que el hombre pretendió cruzar el tendido ferroviario en forma transversal a su eje, rumbo al oriente, pedaleando a toda prisa la bicicleta que montaba.
Pero por alguna causa que no pudieron explicarse, de pronto y a la distancia observaron que la jaca de acero quedaba trabada en una sección de las paralelas y que su dueño realizaba una serie de maniobras para zafarla de ese lugar, sin éxito alguno.
Ante el riesgo que el ciclista enfrentaba, el maquinista activó enseguida el estridente silbato de la mole de acero, anunciado su proximidad a esa sección de las vías bajo el puente elevado, donde se encontraba el ciclista, pero éste continuó aferrado en zafar su bicicleta de la vía, sin hacer caso a la proximidad del convoy ferroviario y la tragedia no se hizo esperar.
El infortunado individuo fue identificado en ese mismo lugar por su esposa, Diana María Hernández Hernández, de 36 años de edad, que ante la inesperada y numerosa presencia de los cuerpos de asistencia médica y rescate urbano, se apersonaría en ese lugar para conocer la causa de tan inusitado movimiento, sin sospechar que su marido había encontrado una terrible muerte.
A la conclusión de las diligencias del caso, las autoridades ministeriales dispusieron del traslado del cadáver a la morgue del Servicio Médico Forense, para la práctica de la necropsia de ley.
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