ÚLTIMA HORA
7 enero 2015
A cincuenta años de la fundación del Museo de la Insurgencia, cuyo propósito fundamental es preservar la memoria histórica, lo celebramos a lo largo del año, ofreciendo actividades como conciertos, teatro, danza, talleres, visitas guiadas, concursos, pero sobre todo con proyectos especiales integradores de la comunidad de Pabellón de Hidalgo, donde se encuentra ubicado. La exposición fotográfica “Una vida en la cocina” es muestra de ello, los participantes, habitantes de la población, abrieron las puertas de sus cocinas para poder realizar el propósito, quienes son los protagonistas principales de esta propuesta.
El término cultura popular hace alusión a procesos por lo general colectivos, que crean y recrean tradiciones; su característica principal es ser producida y consumida por sus propios creadores. Nuestro país es pluriétnico y multicultural, una potencia en materia de culturas populares.
La cultura no es el atesoramiento de libros en los estantes de casas o bibliotecas, es la forma de ser de los pueblos, la actitud de desenvolvimiento hacia el exterior, que se integra de formas y elementos muy variados, y estos, conforman lo que se denomina la cultura popular. Una de las manifestaciones más importantes de ella, es la cocina de los pueblos, ya que si comer es una necesidad biológica, cocinar es un acto cultural.
La comida ancestral de México basada en el consumo del maíz, es un hecho cultural que se concreta en las cocinas de las comunidades y se expresa en un conjunto de procesos sociales con significación colectiva. Hoy los desplazamientos globales plantean el reto de realizar el paso de las culturas milenarias a la interculturalidad. Reconocerla, facilita la comprensión de lo intangible, inherente a las manifestaciones culturales, otorgándoles a las cocinas tradicionales, y en esta ocasión, a las de Pabellón de Hidalgo, una significación que hace posible la continuidad histórica.
Valorar el acto culinario como un hecho cultural es parte fundamental de la identidad de los pueblos, por lo que mostrar las prácticas culinarias y los hábitos de consumo actuales es indispensable para reconocer la significación simbólica de los espacios íntimos de los hogares, como lugares de convivencia, fiesta, reunión, coexistencia y recepción, entre otros.
La diversidad de las cocinas locales constituye un hecho que fortalece la cohesión del tejido social. Las cocinas de las comunidades acompañan a la población movilizada, son un referente de su origen, un espacio de continuidad de tradiciones recreadas, una opción laboral y un activo campo de conocimiento y difusión de prácticas culturales.
Deja tu Comentario