Palestra Aguascalientes

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Iglesia Católica se Abre al Dialogo Interreligioso

2 marzo 2015

IGLESIA

Por Mario Mora Legaspi

El Obispo de Aguascalientes, José María de la Torre Martín, creó una instancia pastoral para establecer una relación abierta e institucional con las demás religiones, para lo cual nombró el presbítero Roberto Sánchez del Real, párroco de la Divina Providencia, como Asesor Diocesano de la Pastoral de «Sectas y Diálogo Interreligioso». Por tal motivo, el sacerdote conformó un Equipo Diocesano de Defensa de la Fe, cuyos miembros se capacitan en varios temas, principalmente en el estudio de la Biblia.

Asimismo, se han impreso posters con información básica, uno de ellos explica quién es el Papa Francisco. Y el otro se relaciona con la Cuaresma, donde se pide vivirla en familia.

El Pastor Diocesano subrayó que en la situación actual de la humanidad, el diálogo de las religiones es una condición necesaria para garantizar la paz social y, por tanto, es un deber para los cristianos, y también para las otras comunidades religiosas. Este diálogo de las religiones tiene diversas dimensiones.

Será en primer lugar un simple diálogo de la vida, un diálogo sobre el compartir práctico. En él no se hablará de los grandes temas de la fe: si Dios es trinitario, o cómo ha de entenderse la inspiración de las Sagradas Escrituras, etc. Se trata de los problemas concretos de la convivencia y de la responsabilidad común respecto a la sociedad y a los grandes problemas comunes que afectan e interesan a la población.

En este aspecto, hay que aprender a aceptar al otro en su diferente modo de ser y pensar. Para ello, es necesario establecer como criterio de fondo del coloquio la responsabilidad común ante la justicia y la paz. Un diálogo en el que se trata sobre la paz y la justicia se convierte por sí mismo, más allá de lo meramente pragmático, en un debate ético acerca de las valoraciones que son el presupuesto del todo.

«Veo sobre todo tres campos de diálogo para la Iglesia en nuestro tiempo, en los cuales ella debe estar presente en la lucha por el hombre y por lo que significa ser persona humana: el diálogo con los Estados, el diálogo con la sociedad -incluyendo en él el diálogo con las culturas y la ciencia- y el diálogo con las religiones», explicó monseñor De la Torre Martín.

En todos estos diálogos, la Iglesia Católica habla desde la luz que le ofrece la fe. Pero encarna al mismo tiempo la memoria de la humanidad, que desde los comienzos y en el transcurso de los tiempos es memoria de las experiencias y sufrimientos de la humanidad, en los que la Iglesia ha aprendido lo que significa ser hombres, experimentando su límite y su grandeza, sus posibilidades y limitaciones.

La cultura de lo humano, de la que ella se hace valedora, ha nacido y se ha desarrollado a partir del encuentro entre la revelación de Dios y la existencia humana. La Iglesia representa la memoria de ser hombres ante una cultura del olvido, que ya sólo conoce a sí misma y su propio criterio de medida.

Sostuvo que cada familia cristiana es una «comunidad de vida y de amor» que recibe la misión “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad». Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.

Reflexionó especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza. Los hijos también, conforme crecen, se convierten en protagonistas: pueden ayudar y motivar a los padres y a los hermanos para ser cada día más fieles a sus compromisos bautismales. Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en tres: la oración en familia, el estudio de la doctrina católica, y la vida según las enseñanzas de Cristo.

La Iglesia continuará impulsando la oración en familia. La oración es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible. Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduración interior; a los hijos, desde pequeños y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos, subrayó el Obispo Diocesano.

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